Texto: 1 Juan 5:14-15
Introducción: En la vida del cristiano, la oración es una parte esencial, y por medio de ésta, se tiene acceso a la comunión con el Padre celestial, quién escucha la oración de sus hijos, y según su voluntad, a su tiempo les responde. Las oraciones no están sujeta sólo a palabras, también en ellas están incluidas, las lágrimas, gemidos, clamores, pensamientos, e incluso el silencio, etc. En la oración la postura física no es de máxima relevancia, sino la disposición del corazón. Si bien, Dios sabe las necesidades de sus hijos es necesaria la comunicación constante con Dios. En Efesios 6:18 Pablo instruye a la iglesia a estar “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”
En el Antiguo Testamento, se encuentran variados relatos de oraciones, tanto grupales como de personajes quienes alzaron peticiones a Dios, y que pueden sernos de ejemplos a nosotros. También, encontramos mandamientos a buscar al Altísimo en oración, pero, no se encuentra una instrucción definida de como dirigirse al Creador. En el evangelio de Lucas, los discípulos del Señor piden ser enseñados a orar, dice el relato; “Aconteció que estaba Jesús orando en el lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1).
Desarrollo: En esta lección Jesús enseña a sus discípulos el modelo a seguir cuando se ore al Padre celestial. (V.9) En primer lugar, dirigirse a Dios nombrándolo nuestro Padre celestial, reconociendo que le hablamos con la convicción que por su misericordia y a través del sacrificio de Cristo, somos sus hijos, y nos ha concedido el privilegio de dirigirnos directamente a él, expresándole nuestra adoración y deseo que cada día en todo lugar, sea santificado y honrado, por medio de nuestro buen testimonio.
(V.10) Luego destaca “Venga tu reino”, manifestando el deseo y la necesidad que se tiene de glorificar a Cristo en su venida, reconociendo que añoramos su retorno, así como también, el cielo nuevo y la tierra nueva (Isaías 65:17). Apocalipsis 21:1 dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más”. Posteriormente, prosigue expresando la soberanía del Altísimo y que su voluntad sea recibida por todos con reverencia y obediencia como en el cielo, en la tierra. (V.11) “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” El pan es el alimento necesario para nuestro mantenimiento como seres humanos, y simboliza todas nuestras carencias tanto físicas como espirituales. Es la oportunidad de pedir por nuestras necesidades diarias o futuras de carácter personal o familiar, como por las necesidades de la Iglesia.
(V.12) Orar por el perdón de los pecados cometidos. Siempre habrá motivos para pedir perdón al Padre celestial, como también el compromiso de perdonar las malas conductas y ofensas del prójimo, como Pablo escribe a la iglesia en Colosas: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacerlo vosotros” (Colosenses 3:13).
(V.13) El diario vivir del cristiano en este mundo, está lleno de situaciones desconocidas y peligrosas, tanto para la vida material como espiritual. Las malas decisiones, los enemigos, las asechanzas de Satanás también ponen en riesgo nuestra condición espiritual. Jesús enseña que, en oración, se reconozca la autoridad plena y el sublime poder del Padre, rogando su protección y dirección.
(V.14) El Señor refuerza la enseñanza en cuanto a estar dispuesto a perdonar a quienes nos ofenden, evidenciando con esto, que Cristo ha hecho una obra en nuestros corazones habiéndonos levantado de muerte a vida, siendo una nueva criatura por medio del Espíritu Santo.
(V.15) El Padre observa en todo momento la conducta de sus hijos, y condiciona el perdón por los pecados de nuestra vida diaria, a la disposición de nuestra parte a perdonar a los hombres que nos ofenden. El pedir en oración perdón por los pecados, tendrá una respuesta positiva del Padre, si se practica el perdonar a nuestros ofensores.
Conclusión: En esta lección, Jesús deja planteado el modelo de oración para los integrantes de la iglesia de Cristo. La oración debe tener las siguientes características. Dirigida directamente al Padre celestial, en adoración, honrándole y santificándole. Se pide por el reino eterno, por su venida y el cumplimiento de su voluntad en todo lugar. Luego presentar ante el Altísimo nuestras peticiones personales. Se debe pedir perdón por los pecados, haciendo presente que se practica el perdón a quienes nos ofenden. Finalmente, rogar al Padre omnipotente, su protección divina, reconociendo que tenemos debilidades, y que no somos infalibles, y siempre necesitaremos de su intervención en favor nuestro.
