Lección: Mateo 7:13-23
Texto: 2 Pedro 2:1
Introducción: Una de las herramientas que ha utilizado el hombre fraudulento, a través de la historia, es el engaño, para lograr así todo tipo de beneficios, sobre todo, cuando por falta de enseñanza e inocencia de las personas, encuentran un campo fértil para sus deshonestos propósitos. Esta conducta también ha alcanzado desde comienzo a la iglesia del Señor, dando origen a la aparición de falsos maestros, falsos profetas, falsos apóstoles, falsos ministros, que, con sus doctrinas erradas, pretenden dañar la santidad de la iglesia de Cristo, para sus propios beneficios.
Desarrollo: (V.13-14) Jesús plantea a sus discípulos que los hombres tienen dos caminos para transitar en esta vida. El Señor enseña que uno de los caminos es espacioso y su puerta ancha y muchos lo transitan. En este camino todo es permitido, no hay restricciones ni obligaciones, sin embargo, conduce a la perdición. Pero Jesús insta a los creyentes a entrar por la otra puerta que es estrecha y seguir el camino angosto pues este conduce a la vida y les menciona que no son muchos los que acceden por esta puerta. Cristo mismo es la puerta estrecha y el camino angosto: “Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10:7) Por cierto, son pocos los hombres que con un corazón sincero reconocen a Jesús como su salvador personal, y confesándole sus pecados, son bautizados y siguen el camino angosto, negándose a sí mismo, y deciden poner en práctica las enseñanzas de Cristo, con la convicción que este camino conduce a la vida eterna, aun cuando esto pueda significar tener que sufrir menosprecio y persecución por parte de los incrédulos.
(V.15) Jesús advierte a la iglesia de la existencia de falsos maestros, que tienen apariencia de piadosos, pero son lobos rapaces, que buscan dañar las ovejas. La actitud de estos es encubierta y engañosa, llenos de hipocresía y a primera vista no son fáciles de detectar.
(V.16-19) El Señor da la fórmula para detectar a estos falsos maestros, haciendo una analogía con los árboles frutales, la única manera de saber si un fruto es bueno o malo es probándolo. Lo que implica que hay que observar la conducta, el testimonio de estos personajes por un tiempo prudente, hasta estar seguro de sus verdaderas intenciones y propósitos en la congregación. Estos en su mayoría se inician en la misma iglesia y desviando su caminar siguen un evangelio distinto, acomodado según sus concupiscencias, amadores de sí mismos. “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4).
(V.21) Seguir a Jesús no está restringido solo a declaraciones referente a lo que un hombre cree, sino parte vital es su testimonio de vida, que tiene relación con sus hechos ya sean públicos o privados, aunque en ocasiones esto traiga algún padecimiento. Pedro menciona lo siguiente: “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” (1 Pedro 3:17). Sin duda que la salvación no es por obra, sino por la fe en Jesucristo, tal como lo señala Efesios 2:8-9; “Porque por gracias sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe”. Sin embargo, es necesario que el cristiano haga la voluntad de su Padre celestial, dando ejemplo de obediencia a Dios por medio de su conducta, evidenciando con sus hechos que es una nueva criatura en Cristo. Pablo menciona que el hijo de Dios debe aún en sus trabajos seculares hacer la voluntad de Dios. El escribe en Efesios 6:6: “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios.” Con la obediencia a las enseñanzas de Jesús, el creyente con solo sus hechos es un predicador del evangelio, y así honra al Padre celestial y al Hijo.
(V.22) La afirmación de Jesús es fuerte, pero es una realidad anunciada con anticipación que debe servir de advertencia para la iglesia y para aquellos que sirven a Dios sin una fe genuina en Cristo. La realización de milagros, sanidades, profecías, manifestaciones espirituales, no son evidencia de estar ante un siervo de Dios, sino su testimonio de vida, su compromiso con la verdad y justicia entregadas al hombre por medio de la palabra de Dios.
(V.23) Jesús enseña sobre la aparición de falsos profetas, son engañadores que se presentan como ministros de justicia, con un poder diabólico, hacedores de maldad a los cuales Cristo no reconocerá como sus hijos. En Mateo 24:24 se nos advierte: “porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”. Pablo también advierte a la iglesia en 2 Corintios 11:13-15) “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás de disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.
Conclusión: En esta lección, Jesús enseña sobre las dos opciones de vida que tiene el hombre para elegir en la tierra, el camino ancho donde se transita según los deseos propios y con un final de perdición, o el camino angosto, negándose a sí mismo, siguiendo a Jesús, haciendo la voluntad del padre celestial, heredando la vida eterna. En relación con la aparición de falsos maestros, el Señor enseña que los hechos son la mejor evidencia para identificar los verdaderos hijos de Dios, éstos son los frutos, que contrastados con la palabra de Dios deben ser aprobados. Las señales espirituales, milagros, hechos portentosos, etc., no son evidencia suficiente para identificar a un ministro de Cristo, se debe considerar que Satanás se disfraza para tratar de engañar a los hijos del Señor. Se debe esperar el tiempo suficiente y a la luz de la palabra de Dios analizar sus obras.
