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La oración y la regla de oro

Lección: Mateo 7:7-12

Texto: Juan 14:13-14

Introducción: La relación del cristiano con el Padre celestial no debe ser basada en ritos o actos religiosos, sino una relación cercana de hijo a Padre, donde se tiene la oportunidad de participar directamente ante él en la alabanza, adoración y oración continua. Seguir a Cristo es justamente acercarse al Padre cada día más, aumentando nuestra consagración por medio de la práctica de su palabra.

Desarrollo: (V.7) Jesús enseña a sus discípulos el enorme potencial que tiene la oración, al que todo lo sabe, todo lo puede, por lo que, la comunicación con el Padre es un recurso infalible, eficaz, sea ésta para pedir según nuestras necesidades, buscar soluciones, respuestas a nuestras inquietudes, o tener acceso a oportunidades en nuestra vida.

(V.8) En este verso el Señor hace hincapié en el valor de la perseverancia en la oración, sabiendo que no hay nada imposible para Dios. El cristiano debe tener la firme certeza que el Altísimo escucha su oración y que, según su voluntad, a su tiempo, responderá y estar decidido a la obediencia que demande la respuesta de Dios. La oración debe tener el propósito del bienestar material, espiritual, personal y para la iglesia, según la voluntad del Padre para con sus hijos, Dios conoce nuestras reales necesidades y pensamientos. En Santiago 4:3 se nos dice lo siguiente: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.

(V.9-10) Jesús hace presente la actitud de los padres para con sus hijos en la tierra, proveyendo a éstos según sus necesidades básicas, poniendo como ejemplo la alimentación. El amor paternal es puesto a prueba ante las necesidades básicas de la familia y en muchas ocasiones hay gran esfuerzo por conseguir los recursos para responder a sus peticiones.

(V.11) Si el hombre que por naturaleza es malo, da buenos regalos a sus hijos, cuanto más el Padre celestial que es bueno, bendecirá a sus hijos y responderá a sus necesidades. Los hijos no eligen a su padre, por lo que los hijos de Dios deben estar eternamente agradecidos de la misericordia de Dios, por haber sido llamados a pertenecer a la familia celestial. En Juan 15:16 se remarca que: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” El hombre no puede saber lo que le depara el mañana, Dios si conoce nuestro futuro y sabe que es lo mejor para nuestras vidas.

(V.12) Los hijos del Señor cuentan con el beneficio de vivir en la presencia del Padre, quien les ha otorgado el Espíritu Santo, por lo que pueden llevar una vida santa dando testimonio ante los hombres de la obra de Dios en ellos. La conducta de los cristianos debe honrar a Cristo y el comportamiento de sus hijos para con los hombres en la tierra refleje el cumplimiento de la ley y los profetas. Mateo 22:37-40 nos indica que: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

Conclusión: Jesús enseña la disponibilidad del Padre celestial para responder a las peticiones de sus hijos instando a perseverar en la oración con la confianza en el amor paternal de Dios, quien por Cristo nos concede el Espíritu Santo, dándonos el poder para llevar una vida santa, que da testimonio ante los hombres de su existencia y del plan divino de salvación.