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El amor hacia los enemigos

Lección: Mateo 5:43-48

Texto: Lucas 6:35

Introducción: Al observar las relaciones interpersonales en el mundo, hay una gran diferencia entre el comportamiento del común de la gente y aquellas que tienen amor de Dios en sus vidas, en éstas, se puede percibir una conducta que denota: misericordia, empatía, compasión, amabilidad, ausencia de odio, comprensión, entre otras cualidades. Si todos los seres humanos tuviesen estas características, el mundo sería muy distinto al que hoy conocemos. Las escrituras dicen en el Salmo 133:1; “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”. Dios el Altísimo, creó todas las cosas que existen, y por supuesto al ser humano, sin embargo, no todos son hijos de Dios, por ende, no todos somos hermanos, dando cabida a enemistades, pleitos, odios, envidias y cosas semejantes. Esta es la realidad, en que se debe predicar el Evangelio de Cristo.

Desarrollo: Jesús enseña a sus discípulos respecto a la actitud que deben tener ante sus enemigos. En los versos (V.43-44), se manda, no solo a amar al prójimo, sino también al enemigo, es decir al que intenta hacer, o nos hace daño. Jesús sabía que la iglesia tendría enemigos, y padecería persecuciones, y aun así, tendría que predicar el perdón de pecados; el Evangelio de salvación eterna. El discípulo del Señor debe estar siempre dispuesto a perdonar, no reaccionando de una manera que le impida predicar el Evangelio. El mejor ejemplo lo dio el mismo Jesús, quien jamás reaccionó con odio hacia quienes lo persiguieron, más bien, rogó al Padre el perdón para los que lo crucificaban; “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes” (Lucas 23:34). La enseñanza de valores cristianos más eficaz es la que se realiza con el ejemplo, con buen testimonio ante Dios y los hombres.

(V.45) Así, amando a quienes desean el mal para la iglesia, se tiene la libertad para anunciarles las gratas nuevas de salvación y habrá libertad para que el Espíritu Santo nos utilice como medio para llegar a nuestros enemigos, quienes yacen muertos en delitos y pecados. Esta actitud de amor, ante la dificultad y persecución, es propio de hijos del padre celestial, quien da la oportunidad a todas las personas de conocer que Cristo es el Salvador del mundo.

(V.46-47) Los creyentes en Cristo deben marcar una gran diferencia con el común de los hombres, que solo hacen el bien a su familia, amigos y otros, por conveniencia. La gracia de los hijos del Señor es que hacen el bien a todos sin diferencia; esto es la manifestación del amor de Dios. Jesús enseña que no hay ningún mérito en amar a quienes nos aman, como lo hacen todos. Si el Padre no hace acepción de personas los hijos tampoco lo deben hacer.

(V.48) Finalmente, en este verso, Jesús insta a sus discípulos a la consagración y a esforzarse en el amor de Dios, para que así, muestren al mundo los atributos del Padre. El cumplir con sus enseñanzas perfecciona el amor de Dios en el discípulo de Cristo, como se menciona en 1 Juan 2:5; “Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”.

Conclusión: En esta lección queda manifiesto que el discípulo de Cristo debe cuidar su testimonio, lo que le otorga la libertad para que, por medio del amor de Dios, predique el Evangelio a toda persona, sin importar cual sea su relación con ésta. Si Jesús perdonó a quienes lo crucificaron, con mayor razón, sus hijos tienen que perdonar a los enemigos de la cruz y predicarles las gratas nuevas de salvación. Podemos recordar a Saulo de Tarso quien fue un perseguidor de la iglesia. El Señor lo llamó, lo perdonó y le transformó en el apóstol Pablo; sufrido, pero culminó su carrera con gozo.