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La oración en secreto

Lección: Mateo 6:5-8

Texto: Salmo 32:6

Introducción: Se puede decir que existen varias formas de comunicarse con el Creador, por ejemplo: por medio de cánticos, en la antigüedad por sacrificios de animales, por lectura de la palabra de Dios, por la meditación, etc. Pero la forma más directa de comunicarse con el Padre es el diálogo directo con él, es decir, la oración, que es una conversación reverente, con verdad y sinceridad. Los hijos del Altísimo pueden orar ante el Padre en todo momento y lugar, sin necesidad de intermediarios. Por supuesto, la oración puede tener variados propósitos, por ejemplo, oración de acción de gracias por lo concedido, de enaltecimiento o alabaza, de intercesión por otra persona, de confesión, peticiones de sanidad, deseos personales y así la comunicación con Dios mediante la oración puede tener múltiples propósitos.

Desarrollo: En esta lección Jesús aborda el tema de la oración, (V.5) revelando la actitud hipócrita de aquellos que se muestran realizando oraciones públicas, dando a entender que tienen una vida muy devota; una consagración a Dios digna de ser alabados y considerados como personas cercanas al Dios todopoderoso. Jesús enseña a sus discípulos a no copiar dicha conducta y agrega que el Padre no responde tales oraciones, ya que el ser admirado por la gente es su recompensa. En Lucas 18:9-14, Jesús relata una parábola que menciona a un fariseo que en la Sinagoga puesto pie oraba a Dios, justificándose y con una actitud de superioridad, creyéndose merecedor de la atención y favor de Jehová Dios, despreciando a un hombre publicano, quien humillado oraba reconociéndose pecador. La oración de este publicano agradó a Dios y fue justificado.

(V.6) La oración debe ser privada y sincera buscando la máxima comunión con Dios. Por supuesto que la persona que ora al Padre en lo secreto está evidenciando su fe en la existencia del Altísimo y que es escuchado por él, por lo que la oración en secreto se constituye un acto de fe. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

(V.7) Las oraciones que son solo repeticiones de palabra aprendidas, no son escuchadas, no tienen ningún efecto. La oración eficaz es aquella en que con nuestras palabras manifestamos al Padre con toda humildad y sinceridad: sentimientos, necesidades, deseos, y los motivos por el cual nos comunicamos con él. El Salmo 138:6 dice: “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, más al altivo mira de lejos.”

(V.8) Jesús explica que el Padre conoce el pasado, presente y futuro de sus hijos y de lo que tienen necesidad. Pero espera que por medio de la oración se acerquen a él y por su respuesta vean confirmada su fe. (Veamos el ejemplo de Jonás: “Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez” (Jonás 2:1), y Jehová le escucho (Jonás 2:10).

Conclusión: Ninguna admiración u honra humana se puede comparar con la bendición del Altísimo para con sus hijos cuando estos le agradan. Esta lección, nos enseña que nuestra justicia nunca pasará desapercibida ante el Señor, y nos recuerda ser generosos y ayudar al menesteroso en su necesidad, con un corazón dispuesto sin hipocresía. Recordar Proverbios 3: 27-28; “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle.”

Las obras justas de los hijos de Dios son el resultado de la obra de Cristo en el hombre, y, por tanto, solo él es digno de alabanza y gloria. Esta lección es sabiduría pura de lo alto y se debe practicar a diario. Recordar lo que nos dice Santiago 3:17; “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”