Texto: Filipenses 4:6
Introducción: El afán se define como un esfuerzo grande o deseo intenso, una aspiración de algo. Esto hace que el hombre tenga una conducta poco sabia, no controlada, puede trastocar sus valores por lograr su propósito, poniendo en riesgo aún su propio bienestar o el de quienes le rodean.
La ansiedad es un estado mental que genera sentimiento de miedo, inquietud. Puede incluso afectar el funcionamiento del cuerpo, presentándose, taquicardias, respiración alterada, etc. La ansiedad puede ser generada por situaciones estresantes no controladas y puede provocar en la persona pensamientos suicidas o dificultad en su vida familiar o laboral.
Desarrollo: En esta lección, (V.25) Jesús manda a sus discípulos a no afanarse por necesidades básicas, como el alimento, la bebida, o el vestir. Esto no quiere decir que el hombre no deba ocuparse en proveer para su familia. Pablo escribe en 1Timoteo 5:8 “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. El hijo de Dios debe saber ponderar sus necesidades y proyectos, asignando bien sus recursos, esfuerzos y tiempos, de acuerdo con sus posibilidades reales, sin caer en la desesperación por lograr determinado objetivo. Jesús plantea una reflexión muy adecuada, en caso de sentirse afanado por los alimentos, o el vestir. “¿no es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?”. Estas preguntas, son para que el creyente sepa evaluar sus necesidades, y asigne prioridades con sabiduría. La excesiva preocupación denota una falta de fe en nuestro Padre celestial. Se debe considerar que es una enseñanza para los hijos de Señor y no para el mundo gentil.
(V.26) El Señor hace una comparación entre las aves y los hijos del Creador; si Dios alimenta a las aves, con mayor razón lo hará con sus hijos.
(V.27) Jesús recuerda que el hombre tiene limitaciones y que por mucho que se afane, hay cosas que no puede hacer. Sin embargo, sabemos que no hay nada imposible para Dios (Lucas 1:37).
(V.28-29) Las flores del campo, y dentro de ellas, los lirios, con su hermoso parecer son obra de Dios, ellos no eligen sus formas ni colores, el Señor los viste.
(V.30) Dios se ocupa de vestir a las hierbas del campo aún con su corta duración, por supuesto que vestirá al hombre hecho a su imagen y semejanza. Jesús menciona que el afanarse en los hijos del Señor revela su falta de fe en el Padre.
(V.31-32) Este es un mandamiento para los discípulos del Señor, que no se deben afanar por la comida, bebida y vestido, Dios todo lo ve y sabe de nuestras necesidades básicas y cuales son nuestros recursos, además tenemos la oportunidad de orar al Padre pidiendo por nuestro mantenimiento. Pedro escribe: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).
(V.33) Se insta a los creyentes a asignar la debida prioridad en sus vidas, a ocuparse en buscar el Reino de Dios y su justicia. Pablo escribe en Filipenses 2:12-13: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Se debe tener siempre presente que hay que seguir la senda de Cristo, participando en la Iglesia, sin dejar de alabar Dios, y alimentando el alma con la palabra del Señor, de ninguna manera esto significa descuidar nuestras obligaciones familiares, personales o laborales.
(V.34) No se conocen las situaciones del futuro. Todos los días se presentan cosas agradables y otras que nos complican. El cristiano tiene la bendición de depositar la confianza en Dios e independiente lo que depare el mañana, se cuenta con la protección de nuestro Padre celestial, y no se debe dar la oportunidad al afán o la ansiedad. El salmista lo expresa así: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).
Conclusión: El afán y la ansiedad no deben tener cabida en quien pone su confianza en Dios, teniendo presente que Dios todo lo ve, todo lo sabe, y su poder no tiene límite. La vida del hijo de Dios no puede seguir las luces de este mundo que, generan ansiedades conforme a los deseos de la carne. El creyente tiene que estar siempre dispuesto a que Dios reine en su vida y así, el mismo Todopoderoso, se hará responsable de nuestras preocupaciones y necesidades.
