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Teología

Adán y su responsabilidad Teología

Adán y su Responsabilidad

Para una mejor comprensión de la verdad del Evangelio y lo que nos dice la Escritura, es necesario ir al origen de las cosas, y en este caso, es importante entender la correcta responsabilidad que jugó el primer hombre y qué efectos causó para toda la humanidad. Adán no sólo actuó en lugar de sí mismo, sino también por todos los que saldrían de él.

Como primer hombre creado a imagen y semejanza de Dios, Dios hace un pacto con él y si no entendemos ese punto, no podremos comprender el trato de Dios con el resto de la raza humana. No podríamos discernir la relación del hombre con la ley divina; ni mucho menos, más adelante, lo que el mismo Dios hace en su principio fundamental, sobre los cuales procedió la expiación de Cristo.

Usaremos el término teológico “cabeza federal” para referirnos a Adán, como representante de la raza humana, Adam en hebreo. La voz Adam está compuesta de la letra Alef ( gr. Alfa) y la palabra “dam” (sangre). La letra Alef es la primera letra del alfabeto hebreo y como tal representa al Uno por excelencia. Resulta así que el Adam (hombre=alma viviente) es la conjunción de espíritu y cuerpo (Génesis 2:7); por ende, más que ser un homo sapiens, el hombre es ante todo un homo spiritus, en el que el ser físico está subordinado al ser espiritual. El factor espiritual del hombre es su capacidad de autocontrol, poner el cuerpo y la materia al servicio de objetivos transcendentales.

Al ser creado por Dios, quien lo creó recto (Ecl.7:29) “Dios hizo al hombre recto”, esto necesariamente implicó una ley a la cual fue conformado en su formación. Cuando algo es creado en forma perfecta y ordenada según una regla, la regla misma, obviamente se presupone, y ésta llega por el mismo soplo dado por Dios a su máxima creación.

La ley de existencia de Adán no era ninguna otra que la ley eterna e indispensable de justicia, la misma que después fue resumida en los diez mandamientos. La rectitud del hombre consistía en la justicia universal de su carácter, su entera conformidad a la naturaleza de su hacedor, la cual era entonces capaz de responder a las exigencias de la expresa voluntad de Dios, y su respuesta a ella era la justicia en la cual él se apoyaba. Así Dios, conforme con lo creado, lo hace cabeza federal y representante legal de su raza y ocupando aquel carácter y oficio, Dios entró en solemne pacto o convenio con él, prometiendo una recompensa si éste cumplía con ciertas condiciones.

La justicia y santidad indefectible estarían delante de él al cumplir un mandamiento, si obedecía, “no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal” , como prueba de su perfección y mostrar su amor a Dios, de todo corazón, asumiendo esa responsabilidad – esto significa que Dios lo creó con un libre albedrío.

Este pacto establecido, se conoce como el “pacto de obras”, ya que Adán, siendo perfecto, debía cumplirlo o realizarlo con su propia fuerza de criatura; vida bajo la condición de obediencia perfecta, ya que había salido de las manos de su creador, era el hombre perfecto, bien equipado, capaz de calcular todo, lo veía todo, lo entendía todo, sin ascendencia pecaminosa detrás de él, sin ninguna naturaleza depravada interiormente, donde resumimos que los asuntos humanos no habían podido quedar en mejores manos que las suyas.

No había o no se proveía a ningún intermediario o algún método de purificación; no había ningún lugar para el arrepentimiento. Todo estaba claramente establecido entre la bendición de la obediencia y la maldición de la desobediencia. (Gén.2:17; Eze.18:4)

Adán por lo tanto era la única persona pública o cabeza federal que nos representaba. Fue establecido por Dios en el Edén y responsable frente a su hacedor. Siendo el representante legal de toda la posteridad de la raza humana, también era el representante de Eva, su ayuda idónea (no al revés), ya que ella salió de él. Cuando Adán pecó, todos por quienes él estaba en pie allí, fueron considerados como si hubiesen pecado; cuando él cayó todos los que él representaba cayeron, cuando él murió, ellos también lo hicieron. (1°Cor.15:22ª, Rom.5:12 - 18ª).

En este aspecto podemos entender claramente que la esclavitud lograda por el primer hombre Adán, tiene su origen en este principio de representatividad, que tiene una base legal. Adán era el representante legal de la empresa, el jefe de toda familia llamada humanidad, de todos los que vivirían en esta tierra; pero ahora por esta revelación divina, que sólo se encuentra en las Sagradas Escrituras, podemos comprender que no hay nadie de los que nazcan aquí, que estén reconciliados con Dios.

Esta verdad no se puede entender con la razón humana, sino sólo por la fe, aquella (la razón) debe someterse a este hecho y recibirla humildemente. Todas las consecuencias judiciales de este acto recaen o son imputadas a todos aquellos para quienes él fue establecido. (Vea Rom.5:16-17) “Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos [legalmente] pecadores” (v.19) Vemos que Dios trata con la raza humana “en” y “por Adán” su representante.

Dios no trata con la raza humana como un todo, como una chacra donde cada tallo está de pie sobre su propia raíz individual; sino que como un árbol, en que todas las ramas tienen una raíz y tronco común. Por eso todos tenemos un árbol genealógico del cual provenimos. Si se corta la raíz de un árbol, todo el árbol cae, sus ramas se marchitan y mueren. Dios permitió que Satanás pusiera el hacha en la raíz del árbol, y de un golpe fatal, Adán fue cortado de la comunión con su creador, y como resultado “la muerte pasó a todos los hombres”.

Esta es la base formal de la condenación judicial del hombre antes Dios. De allí en adelante, cada miembro de nuestra raza entra en este mundo como un pecador culpable antes de que alguna vez haya cometido una sola transgresión. No somos pecadores porque pecamos, pecamos porque somos pecadores. También estamos directamente “bajo condenación”. Esta es la condición que observamos a través de la historia de la humanidad.

Adán fue puesto a prueba de si la voluntad de Dios era sagrada antes sus ojos o no. Él es quien se atrevió a comer del fruto prohibido y romper el pacto divino, dando origen a la horrible culpa de ello y sus consecuencias fatales. El “pecado”, la “transgresión”, la “desobediencia” fue exclusiva de él y no de Eva. Por eso el apóstol Pablo en 1° Corintios 15:45 nos enseña esta doctrina base: por “un hombre” (“no una mujer”) entró en pecado al mundo.

Si atendemos y analizamos con cuidado lo que sucede cuando ella come del fruto, vemos que no sucede nada, no hay ningún cambio; pero en Génesis 3:7, nos dice que cuando Adán comió “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”. En ese instante ellos fueron conscientes de la pérdida de su inocencia y se avergonzaron de su condición miserable frente a su hacedor, el cuerpo se avergüenza frente al espíritu (alma) por no tener nada que ofrecer , sólo lo perecedero al creador y el espíritu frente al cuerpo por haber cedido a la tentación, todo se desploma, se derrumba.

La vergüenza es una manifestación natural del choque entre esencia-apariencia. Los ojos de una consciencia condenada fueron abiertos, percibiendo su pecado y sabiendo de inmediato las consecuencias horrendas; su pérdida o muerte espiritual es mostrada en el hecho de su desnudez corporal. Por el singular pecado de Adán, la condenación ha pasado sobre toda su posteridad, muestra que sus pecados subsecuentes no nos son imputados; ya que por su transgresión original él perdió al alto honor y privilegio conferido sobre él; siendo roto el pacto, él dejó de ser el digno representante de la raza y una persona pública.

Porque lo hizo en el ejercicio libre de su propia, mutable y auto-determinable voluntad, el primer hombre “no tiene excusa”. Con las facultades perfectas, en un ambiente ideal y apropiado, es él quien deliberadamente desafía a Dios, lo rechaza, escoge el mal y desecha el bien, dejándonos en el peor escenario espiritual y en la ruina de nuestra condición de vida.

Ahora el hombre era expulsado de todo su hábitat perfecto y queda expuesto a luchar cada segundo de su existencia para mantenerse aquí, pero ahora sin nada (Ef.2:12). Adán nos dejó sin Cristo, sin familia, sin pacto de promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Su elección fue mala, decidió por Eva y no por Dios, llegó la muerte a él, y aunque esto se tardó un poco (al vivir 913 años), él decidió perder su eternidad, ya que de allí venía, y tomar la pena de muerte.

Por todo lo anterior, vemos que Adán no fue engañado (1°Tim.2:14), él decide pecar delante de Dios. El resultado de fallar a la Ley de Dios (aspecto legal de nuestra condenación y a la vez la base radical de nuestra aceptación para con Dios) nos lleva a heredar los peores frutos desde ese mismo instante (aspecto moral de nuestra vida = corrupción y depravación total del hombre ).

La raíz fue cortada y por ende ya no hay frutos aceptables para Dios. Desde allí todos los hombres quedamos unidos a Adán por este fracaso de nuestro representante legal, y Dios nos imputa la culpa de él. Así nuestra vida es sólo vanidad, como dice el predicador y el salmista en el capítulo 39:5 “…ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive”.

Hoy mismo continuamos quebrantando el pacto de obras y desobedeciendo la ley de Dios, mostrando con ello, la confirmación de esta unidad con Adán en su rebelión. Los sabios judíos, analistas de la Torá, nos indican y aportan diciendo que la expulsión del Edén (Paraíso) es una metáfora del descenso del alma al mundo, para refinarlo y refinarse a través de los actos de bien, que sólo se podrán llevar a cabo ahora, si Dios mismo interviene en nuestro favor, o sea, si el hacedor tiene misericordia de nosotros. Adam fue producto directo de la mano de Hashem, ningún otro ser humano ha de gozar de semejante status. No obstante sucumbió a la única tentación que tenía delante suyo. En aquel momento, todo el objetivo de su vida era abstenerse de ese fruto prohibido, pero no pudo.

El mensaje concluyente es dual, primero: él era el responsable, y sin tener razón alguna lo hizo. Segundo: por el principio bíblico de la representatividad, dejó al ser humano sumido en el sufrimiento, toda la humanidad enjuiciada. Ahora, la complejidad de los desafíos a superar es directamente proporcional al grado de relación que guardan con el sentido de la vida. Cuanto mayores sean tus desafíos, mayor será el grado de relación de tales desafíos con el sentido de tu existencia. No dudemos que si queremos conocer el porqué de nuestra existencia debemos buscar la respuesta en los desafíos y tentaciones que debemos enfrentar.

Este principio bíblico de representatividad es claro y se observa aplicado a través de toda la Palabra, como cuando la posteridad de Canaán fue maldecida por la sola transgresión de su padre (Gén.9), los egipcios mueren en el mar rojo como resultado de la maldad de faraón. Los pecados de los padres debían ser visitados sobre los hijos, etc. Y actualmente, cuando lo que hace un padre de familia afecta a todos los suyos; el representante legal de una empresa, afecta con sus decisiones a toda la industria o negocio (su personal); una decisión de un presidente afecta a todo un país. etc.

Esto nos da una base mucho más clara ahora, de porqué para Dios hay sólo dos hombres como lo dice 1°Corintios. 15:47 “El primer hombre [de quien ya hablamos] es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.”. Ambos son los cabezas federales de quienes representan. El primero cayó, pero Cristo representó a todos los que le había dado el Padre en sus consejos eternos.

Cuando Él vino a esta tierra, también sostenía una posición federal para con su propia gente y cuando se hizo obediente hasta la muerte, todos aquellos por quienes Él actuaba fueron considerados justos; cuando se levantó de los muertos, todos los que representaba se levantaron con Él, cuando ascendió a las alturas, ellos fueron considerados como ascendidos con Él (Ef.1:20; 2:6). “Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1°Cor.15:22)

Con esto, Cristo divide a la humanidad en dos clases que reciben su naturaleza y destino de su cabeza respectiva. Por el primero vino la esclavitud , pero por el segundo vino la redención. Ambos términos espirituales no pueden ser entendidos bíblicamente a menos que sean vistos como logrados por esos representantes. Así podremos entender la conexión expresada por los términos de estar “en Adán” y “en Cristo”.

Cristo viene a ser el segundo Adán, pero ahora en un ambiente hostil, imperfecto, lleno de iniquidad y pecado; en medio de una generación maligna, en un hábitat totalmente adverso, fue puesto el segundo hombre, para demostrar que sí se puede cumplir la ley de Dios, y que sí se puede no ceder o caer frente a la tentación.

Su ley es perfecta. La justicia de Dios (cumplir toda su Ley) es el mismo Jesús, ahora manifestada (Rom.1:16-17), quien envuelto en el regalo del evangelio, viene a dar solución al problema legal que el hombre tiene con su hacedor, a ejecutar y concluir un Nuevo Pacto de gracia, que reemplaza al hecho con Adán (de obras). Él es hecho pecado por nosotros como dice 2°Corintios 5:21, y ahora por Él, nosotros somos hechos Justicia de Dios en Él.

Con cuidado analicemos este verso, ya que esto no puede referirse a ningún cambio que nuestro Señor experimentara en su naturaleza o carácter. No, más bien el Salvador bendito, de tal manera tomó el lugar de su pueblo ante Dios, y fue considerado y tratado como culpable, los pecados de su pueblo no le fueron impartidos, sino que le fueron imputados a él. (Isa.53:6).

Luego en Gálatas 3:13 leemos que Cristo fue “hecho por nosotros maldición” , como sustituto de los elegidos de Dios, fue judicialmente considerado bajo la condenación de la ley. Nuestra culpabilidad fue transferida legalmente a Cristo; a Él le fue dada la responsabilidad de los pecados que cometimos; lo que merecíamos, Él lo experimentó.

Así, de la misma manera como veíamos anteriormente, que los descendientes de Adán fueron “hechos pecadores” por la desobediencia de su cabeza federal, y quedamos todos separados de Dios y expuestos a su descontento judicial. Solo tendremos la oportunidad de cambiar este veredicto eterno, cuando oímos de este nuevo representante, su Buena Nueva de salvación y creer en su obra terminada, con toda nuestra mente y corazón, por eso dice también Romanos 5:19 “…así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” Amén! Gloria a Dios por los siglos de los siglos.

Después identificaremos resultados (o frutos) obtenidos por Adán en su caída y luego seguiremos profundizando respecto de la verdad del evangelio y lo logrado por este nuevo representante que actuó en nuestro favor inmerecidamente. Para Dios la honra y la Gloria por los siglos de los siglos. Amén.