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Respuestas Bíblicas

MI CUERPO ME PERTENECE, POR ESO PUEDO HACER LO QUE QUIERO CON ÉL Respuestas Biblicas

MI CUERPO ME PERTENECE, POR ESO PUEDO HACER LO QUE QUIERO CON ÉL

¿Es así realmente?


Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
Salmos 100:3

El tiempo en el que vivimos actualmente representa un escenario óptimo para la apertura de debates sobre educación, cultura, leyes y políticas públicas que giran en torno al cuerpo humano, sus derechos reproductivos sexuales y a los “tipos” de sexualidades.

Premisas filosóficas modernas asocian que el desarrollo y avance de la ciudadanía se basa en la libertad de conciencia y libre voluntad de los sujetos sobre diversos ámbitos de su integralidad, donde el cuerpo humano adquiere gran relevancia y se sitúa como el centro y objeto de decisiones trascendentales para los seres humanos.

Es así como nacen afirmaciones concluyentes acerca de nuestra autonomía y libertad de acción sobre nuestros cuerpos, promovidas por organizaciones y grupos radicales que han ganado gran relevancia en la sociedad actual.

El cuerpo humano es reconocido como el lugar donde se llevan a cabo procesos fisiológicos y metabólicos, como un blanco de agentes patógenos; como fuente de dolor y placer y también como un espacio donde los individuos reflejan su propia construcción sociocultural y de identidad.

Si verdaderamente tuviéramos derecho a plena autonomía sobre el cuerpo, el consumo de drogas ilícitas no estaría penado legalmente, ni tampoco se nos exigirían actos preventivos como usar el cinturón de seguridad al movilizarnos en un vehículo motorizado, después de todo, nadie debería obligarnos a cuidar “nuestro cuerpo”.

Este argumento abre la puerta a debates sobre diversos temas, por ejemplo, si nos es lícito realizarnos perforaciones y usar piercings; si nos es permitido tatuarnos o incluso sobre la temática de la donación de órganos. Sin embargo, en esta oportunidad, reflexionaremos en este falso argumento desde la perspectiva de su uso como arma a favor del aborto libre.

EL CUERPO HUMANO COMO BANDERA DE LUCHA
Activistas defensoras de derechos sexuales y reproductivos de la mujer han entregado gran significancia al cuerpo humano como bandera de lucha y arma de protesta debido al gran impacto mediático que ha producido. Por esta razón no ha de llamarnos la atención las multitudinarias manifestaciones públicas de mujeres a torso desnudo en contra de las dictaduras, religiones y/o en defensa de derechos sexuales de la mujer.

Es sabido, entonces, que la autonomía del cuerpo en cuanto al libre ejercicio de la sexualidad y reproducción es una prioridad en la tendencia feminista, reconociendo este aspecto como la base de la desigualdad entre hombres y mujeres. De este modo, los derechos sexuales y reproductivos de la mujer toman gran relevancia, bajo la premisa de que históricamente el cuerpo de la mujer ha sido intervenido por leyes y “pautas culturales” que le impiden una autonomía sobre sí mismas.

Este discurso incluye la defensa de la libertad de decidir cuándo, cómo y con qué frecuencia una mujer puede reproducirse, ejerciendo así plena soberanía sobre su cuerpo y convirtiéndose en uno de los argumentos más utilizados a la hora de luchar a favor del aborto libre.

Reconociendo la autonomía y libertad personal como base de los Derechos Humanos, es que agrupaciones pro aborto, defienden el derecho a tomar decisiones sobre la salud y el cuerpo sin tener que sufrir discriminación. Esto implica la entrega de recursos muy valorados para la sociedad en que vivimos: poder, autonomía y dignidad.

ORGANIZACIONES DEFENSORAS
En nuestro país son diversas organizaciones las que luchan por defender los derechos de autonomía sobre el cuerpo humano sobre la base de la pertenencia y libertad de la vida privada. Durante el transcurso de las últimas tres décadas, en Chile, comenzaron a articularse agrupaciones encargadas de resolver problemáticas concernientes a temáticas como la violencia intrafamiliar, acoso callejero, derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, gestando el movimiento feminista chileno actual, cuyo más grande logro ha sido la promulgación, en septiembre del 2017, de la Ley 21.030 sobre la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y violación.

Pese a esto, organizaciones han iniciado campañas para la aprobación de una ley que despenalice el aborto libre con el argumento que existen “infinitas causales”, acusando falta de libertad sobre los cuerpos de las mujeres y primacía de criterios religiosos y morales por sobre las necesidades de la sociedad. Pese a esto, un último sondeo en julio del 2018 arroja que solo el 26% de la población chilena mayor de 18 años está de acuerdo con el aborto bajo cualquier circunstancia, es decir, “libre”; en tanto que el 72% aprueba la actual legislación bajo las tres causales (Encuesta CADEM, julio 2018).

¿QUÉ DICE DIOS AL RESPECTO?
Concerniente al argumento: Mi cuerpo me pertenece y puedo decidir sobre él, Dios tiene algo que decir. No debemos olvidar lo que el Salmo 100 nos dice: “Él (Dios) nos hizo y no nosotros a nosotros mismos” (v3). Debemos tener en cuenta que tenemos una responsabilidad sobre nuestro cuerpo y debemos procurar presentarlo en santidad a nuestro Dios (Romanos 12:1).

Las explicaciones de quienes están a favor del aborto han ido variando a medida que son contrarrestados por la evidencia disponible, dando pie al libre pensamiento de que la mujer es dueña de su propio cuerpo y el feto en el útero no es un ser humano con los mismos derechos que los demás, así que ella (la mujer) puede disponer de él con total libertad.

Sin embargo, es necesario recordar unas cuantas verdades, en las que la ciencia desde su propio objeto y competencia nos ayuda a comprender que el nuevo ser que se ha gestado tiene un material genético (ADN) que lo diferencia de sus padres y lo hace formar parte de la especie humana:

  • Todas las células de un ser humano provienen de una sola célula original llamada cigoto el cual posee código genético que se activa al momento de la fecundación, representando el primer estado del ser humano.
  • Cerca de treinta horas después de la fecundación, ocurre la primera división del cigoto, dando vida a dos células con 46 cromosomas cada una.
  • El embrión es capaz de anidarse al séptimo día en el útero, permitiendo la detección de un embarazo a solo pocos días de producirse la fecundación.
  • Distintos argumentos permiten sostener que el embrión humano no pertenece al cuerpo de la mujer del mismo modo que un órgano. Aun más, la Palabra de Dios es clara al decir en el Salmo 139, versículo 13: Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Claramente entendemos el actuar de Dios en el vientre materno. Él es quien da forma a nuestra humanidad, dándonos reconocmiento desde antes de nuestro nacimiento. Recordemos lo que Dios dice a Jeremías en el capítulo 1, versículo 5 de su libro: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. ¡Dios nos dignifica aun antes de nacer!

    Por tanto, podemos con total firmeza refutar sus falsos argumentos, pues aunque parezca lógico, el cuerpo de una mujer no tiene dos cabezas, cuatro manos o cuatro pies; son miembros totalmente separados. El feto no es parte del cuerpo de una mujer, sino es el cuerpo de otro ser humano que depende de los fluidos de su madre.

    Cada uno de nosotros está presente en el plan divino de nuestro Señor, por lo que no debemos conformarnos al pensamiento de este siglo. Dios quiere que nuestros cuerpos sean la casa del Espíritu Santo, por lo que es necesario saber cuidarlo y utilizarlo de manera digna, todo con el propósito de glorificarle:

    “O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios

    1 Corintios 6:19-20

    El mundo hace y deshace influenciados por el príncipe de la potestad del aire, y tiene sobre sus cabezas un juicio y una sentencia irrevocables que sólo tiene remedio en la faz de Jesucristo, pues estando ajenos a la vida de Dios (Ef. 4:18) e ignorantes de las cosas celestiales mismas, endurecidos por el engaño del pecado son presa fácil de caer en ideologías y dogmas humanos.

    El problema ocurre, siendo mucho más grave aún, que si alguno de nosotros, los que hemos creído en el Hijo de Dios, nos dejamos arrastrar o nos deslizamos ya sea para tener una postura parcial o escueta e incluso si llegamos a ser tolerantes o justificar estas cosas, si se callan nuestros labios e incluso si no tenemos argumentos espirituales como armas poderosas en Dios para derribar fortalezas (2ª Corintios 10:4) obscuras; debemos temer.

    Parcialidad, tolerancia a la inmoralidad fue uno de los tantos problemas en que cayó la iglesia de Corintos debiendo ser evidente un profundo celo de Dios y su justicia en ellos, ¿Por qué? porque hemos recibido un reino inconmovible. (Hebreos 12:28)

    La maldad del mundo no ha cambiado, como lo fue ayer lo es hoy, hoy sólo ha llegado a incrementarse por la parcialidad de los que hemos sido trasladados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo.(1ª Pedro 2:9)

    El mundo tiene una sentencia de muerte sobre si que no conoce, pero nosotros conocemos la palabra de Dios que entre muchas cosas dice: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él, porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1ª Corintios. 3:17)

    Y aún el Señor nuestro Dios nos vuelve a declarar con respecto a destruir la vida en cualquiera de sus aspectos, mayormente aun cuando se trata de un ser indefenso e inocente de cualquier tragedia o hecho vergonzoso como lo es un hijo en el vientre materno, que sintiéndose seguro y en paz, abruptamente cae la muerte sobre él; “Seis cosas aborrece Jehová y aún siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente…”(Proverbios 6:16)

    Tenemos que procurar permanecer informados y trabajar con armas espirituales para que el aborto libre no pueda asentarse ni sentirse libre en nuestro país. Debemos orar con fervor para buscar el rostro de Dios y que él tenga misericordia de nuestra nación guiándonos por su Espíritu para hacer su perfecta voluntad, afirmando nuestra fe en convicción absoluta sobre las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, para que la palabra de Dios more abundantemente en nosotros, enseñando y exhortando a la iglesia en toda sabiduría, y predicando el evangelio de nuestro Salvador para que muchos sean librados.

    Iglesia Unida Metodista Pentecostal