Teología

Solo por Gracia Teología

Solo por Gracia

En estudios anteriores se explicó que por la transgresión de Adán la raza humana heredó la muerte, la condenación, la depravación total y perdió la libertad para escoger la vida y venir a Dios (Juan 6:44). Aparte de la intervención divina todos estamos sin Cristo, “sin esperanza y sin Dios en el mundo”. (Romanos 3:11; 7:14; Efesios 2:1,12). Y sin Cristo no hay salvación (Hechos 4:12). Dios tiene que actuar primero si alguno ha de hallar salvación en el Hijo.

  • Solo por Gracia

En el presente estudio se explican  tres puntos relativos a la salvación, la cual es, solo por la gracia de Dios, aparte de todo mérito  humano.

1) Que la gracia por medio de la cual somos justificados o salvados es una actitud o favor de Dios quien provee en Cristo esa justicia perfecta como informa el evangelio.

2) Que la gracia de Dios en Cristo (el evangelio) es para toda la raza humana y fue preparada desde antes de la fundación del mundo y revelada por medio de un pacto.

3) Que el ser humano, después de la caída de Adán, nada puede hacer por sus poderes naturales para salvarse, pero Dios por su gracia busca a los hombres y mujeres naturales.

Desarrollo

1.1 Algo de historia:

Son pocos los hombres que han sido instrumento en el cambio del curso de la historia, Martín Lutero fue uno de ellos. La iglesia primitiva había perdido  el mensaje de Pablo en cuanto a la justificación por la fe. Durante mil años la iglesia popular mantuvo cautivo al pueblo en un asfixiante agarre que produjo estancamiento intelectual y espiritual. De tiempo en tiempo se levantaron hombres a protestar contra las tinieblas que se esparcieron sobre la faz de Europa. Pero no fueron capaces de sobreponerse a este  sistema.

Lutero fue un devoto monje agustino pero le fue revelado que ninguna cantidad de ascetismo, buenas obras o gracia interna le hacían aceptable ante Dios, el mensaje de Pablo a los Romanos le iluminó la tremenda verdad que la aceptación del pecador procede totalmente de un Dios benévolo y es sólo por su gracia (Sola gratia). Lutero no redescubrió la palabra gracia, sí el significado de ella. Los teólogos católicos romanos usaban frecuentemente la palabra gracia, pero para ellos significaba alguna cualidad divina que Dios infundía en el alma del ser humano haciéndolo aceptable y agradable a sus ojos.

Aún San Agustín pensaba de la gracia mayormente en términos de una cualidad que Dios colocaba dentro del alma humana. Como buen monje católico, Lutero anhelaba obtener suficiente de esta gracia interna a fin de poder ser aceptado y agradable ante Dios. Pero mientras más buscaba en su corazón más pecado y falta de gracia podía ver, quedó convencido que con o sin gracia interna, su vida jamás podría pasar el juicio de Dios.

Al leer los escritos de Pablo, Lutero comprendió que la gracia que justifica al pecador era algo completamente diferente a alguna dotación interna, porque Pablo declara que los pecadores son “justificados gratuitamente por su gracia” (Romanos 3:24). La palabra “gratuitamente” significa “sin causa”, significa que Dios acepta al pecador independientemente de cualquier cualidad dentro de él. Así fue como Lutero vino a comprender la gracia como una “actitud divina” de misericordia y favor hacia pecadores perdidos e inmerecedores.

El entendimiento de la gracia que captó Lutero se constituyó en el avance de la Reforma con su visión fundamental que la gracia significa ser aceptado a pesar de ser inaceptable. Dijo Lutero: “Así que, dado que esto era imposible para nosotros, Dios ordenó por nosotros, y en nuestro lugar a Uno que tomara sobre sí mismo todo el castigo que nosotros merecíamos y cumplió la ley por nosotros; así fue como Él apartó de nosotros el juicio de Dios  y apaciguó su ira. Por lo tanto, la gracia es verdaderamente dada gratuitamente. No nos cuesta nada, pero costó a Otro mucho el obtenerla para nosotros. Fue comprada con un tesoro incalculable, infinito: el mismo Hijo de Dios. Por lo tanto, es necesario poseer por fe sobre todas las cosas a Aquel que ha hecho esto por nosotros; y es imposible obtener gracia excepto por medio de Él solamente”. (What Luther Says, ed.,Ewald M. Plass, Vol. 11, pág. 709).

En el siguiente punto cito un escrito que explica la diferencia entre el uso del término “gracia” en las Escrituras, esto se puede ver  en aquellos pasajes donde Pablo se refiere a la “gracia justificadora o salvadora por medio de la cual somos libres de la condenación”  ya que somos “justificados gratuitamente mediante la gracia de Dios”, de igual forma “por gracia sois salvos”, en estos casos la gracia está basada únicamente en la justicia o méritos de Cristo  distinguiéndola de aquellos pasajes en los cuales ciertos hombres hallaron gracia o el favor de Dios por sus propios méritos, esto se deduce en el uso que hace Pablo del adverbio “gratis” y también en el hecho que la gracia salvadora es puesta en oposición a las buenas obras; no solo contra aquellas que la razón efectúa sin el Espíritu Santo si no también frente a las obras de Abraham, las cuales son dones y frutos del espíritu. “Al que no obra no se le cuenta el salario como gracia, si no como deuda”. (Romanos 4:4). Y de igual forma: “…que somos justificados por gracia sin las obras de la ley”. (Romanos 3: 24,28).

1.2 El adverbio "gratis" Martín Chemnitz (1522-1586).

 “Pablo añadió la pequeña palabra gratis a fin de ilustrar más plenamente el significado específico y verdadero del término "gracia" en el artículo de la justificación y salvación, y para asegurarlo contra cualquier corrupción: "Justificados gratuitamente por su gracia". Se entiende así el significado de la palabra hebrea ??? ("gratis"), por cuanto se ha puesto en contraposición a la idea de pago o de un precio de satisfacción, Génesis 29 verso 15 dice: "¿Me has de servir de balde (???) Declárame qué será tu salario". Éxodo 21:2 agrega: "Saldrá libre, de balde"; Números 11:5 "pescado que comíamos... de balde"; 2ª Samuel  24:24, "no ofreceré... holocaustos que no me cuesten nada". Significa también que se hace algo sin causa, o sin mérito, aparte o contrario al mérito, como en el Salmo 69:4: "me aborrecen sin causa"; Salmo 109:3, "pelearon contra mi sin causa"; Proverbios 24:28, "No seas sin causa testigo contra tu prójimo"; 1ª Samuel 19:5, "¿por qué pues pecarás contra la sangre inocente matando a David sin causa?" 1ª Reyes 2:31, "Quita... la sangre que Joab ha derramado injustamente"

En estos ejemplos los intérpretes griegos siempre tradujeron la palabra hebrea ??? con la partícula ??????, ("gratis"), la cual se usa en el Nuevo Testamento como sigue: 2º Corintios 11:7: "os he predicado el evangelio de Dios de balde (??????)"; Apocalipsis 21:6: "yo le daré... agua de vida gratuitamente"; 2ª Tesalonicenses  3:8: "ni comimos de balde el pan de nadie sino que trabajamos con afán y fatiga".

De esto puede entenderse porqué Pablo en Romanos 3:24 añade a la palabra "gracia" la partícula "gratuitamente". Porque en Génesis 39:4, el texto dice que José "halló... gracia en sus ojos". Mas allí se añade la nota de que "fue varón prosperado" esto es, le amó y le hizo grande a cuenta de los eminentes dones que notó en José. Por lo tanto, para que ninguno piense que somos justificados y salvados por la gracia de Dios en esa forma, Pablo añade la partícula "gratuitamente" lo que demuestra (1) que la causa o el mérito por el cual somos justificados delante de Dios para vida eterna no es inherente en nosotros; (2) que Dios encuentra en nosotros muchas causas por las cuales podría condenarnos; (3) que Dios recibe en gracia y acepta para vida eterna solo de pura bondad y misericordia por causa de su Hijo al indigno, quien merece algo completamente diferente.

Esto es lo mismo que dice el salmista: "No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados," y lo que dice Daniel: "no... confiados en nuestras justicias sino en tus muchas misericordias". Por consiguiente somos justificados gratuitamente (gratis) por la gracia de Dios, no debido a que somos o lleguemos a ser perfectamente justos y sin pecado en esta vida, sino debido a que la misericordia perdona y cubre por causa de Cristo los pecados que encuentra en nosotros (Romanos 4). "Porque ciertamente Dios estaba en Cristo, reconciliando el mundo a sí, no imputándole sus pecados" (2ª Corintios 5:19).

Y por medio de Cristo se nos ha predicado el perdón de los pecados de todo aquello de lo que no podíamos ser justificados por la Ley (Hechos 13:38-39). Porque tal es el "conocimiento de salvación... para perdón de sus pecados" (Lucas 1:77). Porque "si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados." Porque "si alguno hubiere pecado abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 1:8-2:2). Por lo tanto, al que confiare en aquel que justifica al impío, su fe le es contada como justicia sin obras (Romanos 4:5)”.(Concordia Publishing House, 3558 South Jefferson Ave., St. Louis, Missouri 63118).

 1.3 Algunos tipos de legalismo en la Iglesia.

La naturaleza humana persiste en hacer alguna contribución en su salvación, como último recurso intenta, en forma aparentemente inocente, atribuirse merito en la fe, algunos han interpretado que Dios justifica a los hombre debido a su fe u “obediencia evangélica”. La expresión “justificación por la fe” puede mal interpretarse, esta no significa que podemos ser justificados debido a nuestra fe, en grado mayor de lo que podemos ser justificados debido a la regeneración, la santificación, las buenas obras o cualquier otra cualidad dentro de nosotros (subjetiva). No hay mérito en la fe misma, más cuando la fe echa mano de Cristo, su perfecta obediencia (Justicia) es acreditada al pecador (Romanos 4:4; 5:18,19). La virtud salvadora no se haya en la fe, sino en el objeto de la fe, la fe es meramente la causa instrumental de la salvación. La verdad acerca de la justificación  sólo por gracia (por medio de la fe) somete a la interrogativa todo cuánto hacemos y todo cuánto somos.

1.4 Gracia y justicia

 “Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados”. (Romanos 2:12,13). Nadie, excepto los hacedores de la ley son aceptados por Dios, este es un principio eterno y Dios no lo cambiará, Él nunca ha cambiado de mentalidad. La única base de aceptación para con Dios es una vida de obediencia, es decir una vida de justicia.

No pensemos que la fe se opone a la ley, Pablo enseña que la fe confirma la ley (Romanos 3:31). La fe reconoce que es únicamente sobre la base de una vida de obediencia a la ley (la vida de Jesucristo)que Dios aceptara siempre al ser humano, la gracia no proviene de una actitud indulgente en la que Dios rebaja sus demandas, Él es desde la eternidad un Dios Santo que aborrece el pecado (infracción a la ley), la maldición que afecta a este mundo ocurrió cuando Adán traspaso el mandamiento (ley). Ni antes ni ahora Dios acepta o justifica a quien no cumple con sus santas demandas.  Lutero lo expresa así: “Por tanto, estemos en guardia contra este veneno infernal y no perdamos a Cristo, el Salvador consolador.... Ahora, aunque de pura gracia Dios no nos imputa pecado, con todo, Él no quiso hacer esto hasta que se diera amplia y completa satisfacción a su ley y hasta que su justicia fuera cumplida.

La gratuita imputación de la cual habló el salmista tenía que primeramente ser comprada y adquirida para nosotros mediante su justicia. Así que, dado que esto era imposible para nosotros, Dios ordenó por nosotros, y en nuestro lugar a Uno que tomara sobre sí mismo todo el castigo que nosotros merecíamos  y cumplió la ley por nosotros; así fue como Él apartó de nosotros el juicio de Dios y apaciguó su ira.

Por lo tanto, la gracia es verdaderamente dada gratuitamente. No nos cuesta nada, pero costó a Otro mucho obtenerla para nosotros. Fue comprada con un tesoro incalculable, infinito: el mismo Hijo de Dios. Por lo tanto, es necesario poseer por fe sobre todas las cosas a aquel que ha hecho esto por nosotros; y es imposible obtener gracia excepto por medio de Él solamente." What Luther Says, ed., Ewald M. Plass, Vol. II, pág. 709).

Gloria a Dios para siempre, ya que Él mismo nos dio por su infinita gracia esa justicia perfecta que demanda de nosotros, como fue profetizado: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación y saldréis y saltaréis como como becerros de la manada” (Malaquías 4:2) y se cumplió en el evangelio: “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”. (Romanos 5:21).

2.1 Gracia ilimitada de Dios

Antes de la fundación del mundo Dios hizo su decisión final en cuanto a quienes deben ser salvos y quiénes no, para tener vida eterna, Dios requiere de todos exactamente lo mismo que siempre ha demandado a sus criaturas, sin excepción, Él requiere la perfecta obediencia a sus preceptos o Santa Ley (Mateo 5:48 ; Romanos 2:13). Así Dios basó su decisión de elección en la gracia, la gracia de Dios en Cristo. Juan el apóstol registra que la “gracia… vino por Jesucristo” (Juan 1:17),  la gracia es una actitud en el corazón de Dios, no una acción en el corazón del hombre, es el favor de Dios considerándonos mejores de lo que realmente somos, por su gracia Dios “escogió” aceptar a toda persona que encuentra su perfección en Cristo.

El propósito y la gracia de Dios nos fueron dadas “en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. (2ª Timoteo 1:9). En Él tenemos la obediencia perfecta y en Él somos aceptados (2 Corintios 5:21; Efesios 1:6; Colosenses 2:10). Dios en su gracia eligió y aceptó a su Hijo como sustituto y seguridad para la raza humana. Jesús es el “Elegido de Dios”, fuimos escogidos en Él antes de la fundación del mundo. (Efesios 1:4). Cuando vino el cumplimiento del tiempo “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley”. (Gálatas 4:4-5).

Entonces según el propósito de Dios la gracia se manifestó “por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. (2ª Timoteo 9,10). En la eternidad pasada Dios decretó que todos los que se encuentran en Cristo serían asegurados en su reino y que todos los que estuvieran fuera de Él no tendrían parte de la herencia eterna (Daniel 12:1; Efesios 1:3-10; Apocalipsis 13:8). Este es el llamado “pacto de la gracia” dado por medio de Cristo al cual me referiré a continuación.

2.2  El pacto de la gracia.

El nuevo pacto de la gracia por medio de Cristo abraza todas las épocas del género humano, empezando desde la caída del primer hombre. Muchos judíos, ignorando el carácter misericordioso del pacto mosaico, establecieron una justicia conforme a la ley, según sus interpretaciones, la justicia legal fue dada a Adán, no a Moisés, de la misma manera muchos hoy día no se someten a la fe en la justicia de Cristo y pretenden ser aceptados por su propia justicia. John Wesley, el fundador del metodismo explica y compara los dos pactos en su sermón VI “La justicia por la fe”, comienza citando el texto bíblico: “Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);…” (Romanos 10:5,6). Luego señala: “El apóstol no contrapone el pacto dado por Moisés al que Cristo dio. Si alguna vez nos hemos figurado semejante cosa, ha sido por falta de meditación, pues tanto la primera como la última parte de estas palabras fueron dichas por Moi­sés al pueblo de Israel respecto al pacto que existía en aquel tiempo (Deuteronomio 30:11, 12, 14). Dios estableció el pac­to de la gracia con todos los hombres por medio de Jesucristo, tanto antes y bajo la dispensación judaica…”

Ha sido un error muy frecuente considerar que el pueblo de Israel estuvo bajo un pacto de obras como si Dios les habría impuesto una demanda  que nadie en absoluto puede cumplir después de Adán. Un estudio más profundo determinará que ellos también estuvieron bajo el “pacto de gracia”, al igual que nosotros, en el sermón antes citado continúa diciendo: “La justicia que es por la ley dice: “Que el hom­bre que hiciere estas cosas, vivirá por ellas”. Haz estas cosas constante y perfectamente y vivirás para siempre. Esta ley o pacto (llamado por lo general el pacto de obras), dado por Dios al hombre en el paraíso, exigía una obediencia perfecta en todas sus partes, completa, como la condición para que pudiese continuar por siempre jamás en la santidad y felici­dad en que fue creado”.

Y continúa explicando en relación al “pacto de gracia” lo siguiente: “Este pacto no dice al hombre pecador: sé obediente hasta la perfección y vivirás. Si tal fuera la condición, de nada le aprovecharía todo lo que Cristo hizo y sufrió por él; sería como si se le exigiese que subiera al cielo “para traer a Cristo abajo,” o que descendiera al abismo, es decir: al mun­do invisible, “para volver a traer a Cristo de los muertos”.  No exige que se haga ninguna cosa imposible (si bien para el hombre aislado y sin la ayuda de Dios, sería imposible ha­cer lo que de él se requiere); eso sería burlarse de la debili­dad humana. Hablando estrictamente, nada nos exige el pacto de la gracia que hagamos, como cosa indispensable o absolu­tamente necesaria para nuestra justificación; simplemente que creamos en aquel que por amor de su Hijo y la propicia­ción que éste hizo, “justifica al impío que no obra” y cuenta su fe por justicia. Abraham creyó a Jehová y “le fue contado  por justicia” (Génesis 15:6). (John Wesley, Sermón Vl).

3.1  Excepto que el Padre le trajere

Nada puede hacer el hombre por sus poderes naturales para venir a Dios. En la obra de nuestra salvación por gracia todo mérito desde el principio al fin es sólo para Dios, ¡bendito es su Nombre!, entonces ¿cómo alcanza Dios a los que están fuera de Cristo?, individuos perdidos para que sean aceptos en el Amado.  Pablo escribe a los Efesios que aparte de la fe, los seres humanos se encuentran fuera de Cristo, “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:1-13).

A través de la predicación del evangelio de la gracia Dios llega diciendo: “He sido reconciliado contigo, ahora ¿no te reconciliaras tu conmigo?, si uno murió por todos, luego todos murieron, tu muerte que era justa ha sido pagada por otro, no temas, sólo cree”. Y la fe para creer viene por el oír, por escuchar las buenas noticias del evangelio de la gracia (Romanos 10:17). Cuando Cristo es levantado ante la humanidad, atrae a sí mismo a los pecadores perdidos (Isaías 45:22; Juan 3:14,15; 12:32). Alguien tal vez objetará: “pero ellos están muertos”, sí, muertos en sus delitos y pecados pero esto no es un problema para Dios, su voz penetra la muerte (Juan. 5:25-28), teniendo el derecho legal sobre la tumba, habla, y los muertos oyen su voz (Juan 11:43,44). Cuando Adán pecó y se escondió en el jardín del Edén, Dios vino en su búsqueda, llamando a Adán, ¿fue el Adán caído capaz de oír la voz de Dios? ¡Sí!, Adán dice: “Oí tu voz, tuve miedo y me escondí”. (Génesis 3:10).

3.2  La oferta gratuita del evangelio

Ningún hombre natural busca a Dios, pero Dios busca sin cesar a hombres y mujeres naturales (gracia preveniente) y lo hace por medio de la locura de la predicación del evangelio “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. (1Corintios 1:21), aquí Pablo excluye la idea de “regeneración antes de la fe” como la idea de “libre albedrio natural”. Cuando aceptamos la aparentemente insensata manera de atraer los perdidos hacia la salvación, entonces  Jesús recibirá toda la gloria (1 Corintios 1:3), porque su sacrificio en el Calvario es levantado y la gente es atraída a Él (Juan 12:32).

La libertad de escoger la vida eterna no es natural en nosotros ni es infundida por alguna regeneración sobrenatural del Espíritu Santo, más bien viene únicamente por la llamada externa del Espíritu que nos atrae por medio de su gracia preveniente o anticipante en la predicación del evangelio liberador (Romanos 10:17; Ef. 2:8,9). Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres… a pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos”. (Lucas 4:18). La predicación del evangelio trae fe a los que oyen, la fe viene por oír una presentación clara del mensaje de Cristo (Romanos 10:17), después de la fe (la cual es un don de Dios) reciben el Espíritu Santo que sólo se concede a aquellos que creen, la libertad para creer no está presente en nosotros a causa de nuestra condición depravada por eso es que el evangelio debe llegar a nosotros y si rechazamos el evangelio de Cristo, su Espíritu Santo no nos es dado.

El orden bíblico de la salvación es muy claro: los que oyen el evangelio y creen, reciben el Espíritu Santo “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? (Galatas 3:2). Así llegamos a la conclusión que:

1° La fe viene por el oír el evangelio de Jesucristo.

2° La fe viene antes de recibir el Espíritu Santo.

3° La predicación del evangelio es el método de Dios de atraer a las personas.

4° Una vez en Cristo en todo momento  somos sostenidos por Dios.

5° El evangelio debe ser predicado a todo el mundo.

6° Todo lo anterior es solo por gracia para la gloria de Dios.

 

Aporte Web Pastor Claudio Gutiérrez Valdivieso.

Bibliografía

Martín Lutero (1483-1546)

Martín Chemnitz (1522-1586)

John Wesley (1703-1791)

Pregonero de Justicia Vol. 3; N° 3; Vol. 4 N°1; Vol. 4 N°3 y Vol.6 N° 3 (Usado con permiso del editor)


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