Teología

Resultados de la Caída Teología

Resultados de la Caída

Terminamos el tema anterior indicando que ahora identificaríamos los resultados, consecuencias o frutos de la caída del primer hombre (Adán), quien ya sabemos, actuó como representante de la raza humana ...

  • Resultados de la Caída

y que, al fallar a la Ley perfecta del Eterno Creador, pecó y con ello nos dejó en la muerte (espiritual y física) (1°Cor.15:22, Rom. 5:12), separados de Dios integralmente.

Por lo anterior, las consecuencias de fallar a la ley de Dios fueron dos: CONDENACIÓN (aspecto legal) y CORRUPCIÓN (aspecto moral) frutos del pecado del hombre. En ese orden.

Esta doctrina de la "Caída del hombre" es fundamental para nuestra fe bíblica histórica, explica el origen del mal como resultado de la desobediencia en el huerto del Edén. El primer hombre Adán, fue creado a “imagen” (tsélem : hacer sombra, ilusión, parecido, figura representativa)y “semejanza” (Demút  dedamá : comparar, parecerse, asemejarse,parecido,modelo, forma) de Dios Elohim, dotado con libre albedrío y   puesto en un período de prueba. Su decisión al desobedecer, entronizó su propia razón y trajo como consecuencia la condenación y la corrupción que afectan al mundo hasta nuestros días. Esta es la causa de la muerte tanto espiritual como física y la destrucción de esa primera imagen de hombre. Es importante indicar que la muerte definida en el N.T. hace alusión aThanatos (Gr.) como la separación del alma (la parte espiritual del hombre) del cuerpo (la parte material), dejando el primero de funcionar y volviendo al polvo (Ecl.12:7).Quedando el hombre  con la «herida de muerte»  ó  «el golpe de la muerte»; provocando la separación de Dios por parte del ser humano, Adán murió en el día en que desobedeció a Dios, y por ende toda la humanidad nace en la misma condición espiritual. La muerte es lo opuesto a la vida; nunca denota inexistencia. Así como la vida espiritual es «existencia consciente en comunión con Dios», del mismo modo la muerte espiritual es «vida consciente en separación de Dios».

A continuación, tendremos una mirada bíblica de esta verdad doctrinal y luego un desarrollo histórico de la misma por grandes hombres que también la interpretaron así.

MIRADA BÍBLICA

Cuando Adán, optó por la muerte, la humanidad perdió su libertad de elegir la vida. Estamos legalmente bajo maldición, “vendidos al pecado”, cautivos por el enemigo a quien Adán escogió servir. Sin la intervención divina todos quedamos sin Cristo, sin Dios y sin esperanza en el mundo. (Rom.3:11; 7:14; Efe.2:1, 12)

El hombre en Adán perdió la libertad de elegir la VIDA, solo nos resta la libertad de elegir nuestro propio camino, de servir a nuestro amo el diablo. Esta es la única libertad que no se perdió en la caída. Isaías dice “…cada uno se apartó por su camino…” (Isa.53:6). Los seres caídos no han perdido la capacidad de elegir su propio camino de esclavitud. Entonces, esta libertad de elección que aún queda ¿Qué les permite hacer? Debemos responder, que lo único que les permite hacer es “rechazar los esfuerzos de Dios en atraernos a Él”. 

La Biblia respalda la doctrina de la depravación total de la naturaleza del hombre, corrompida por el pecado, producto de no obedecer a la Ley de Dios. Dejándolo corrompido moralmente; Vea Sal. 58:3, Isa.1:5-6; Mat.7:11; 15:19, Mr.7:21 y condenando legalmente, vea Rom.5:16. Donde “condenación” es culpa y “corrupción” es depravación. De aquí ya podemos ir desprendiendo que la raíz y el fruto de las consecuencias son diferentes y son resultado de la muerte tanto física como espiritual que afecta al ser humano en su estado caído.

La caída (legal y moral) nos dejó a todos los hombres con ambos problemas, un problema legal con Dios (condenación), que habrá que resolver en su raíz, y otro moral (corrupción) que resolver para cambiar los frutos. 

A continuación un breve desarrollo histórico de esta doctrina:

SAN AGUSTÍN.

La doctrina de la corrupción moral que resulto en la inhabilidad del ser humano para escoger voluntariamente el bien fue entendida así desde los primeros siglos de la era cristiana como la enseñó y defendió Agustín de Hípona (354 – 430 d.C.) conocido también como San Agustín, un extraordinario teólogo de la Iglesia Occidental del el siglo IV, Justo L. González en su Historia del cristianismo (Tomo I pág. 277) cita lo siguiente: “Según San Agustín el pecado es una realidad tan poderosa que se posesiona de nuestras voluntades, y mientras estamos en pecado no nos es posible querer – de veras querer – librarnos de él. Lo más que podemos lograr en esa lucha entre el querer y el no querer, que solo sirve para mostrarnos la impotencia de nuestra voluntad frente a ella misma. El pecador no puede querer sino el pecado… Como dice Agustín, antes de la caída teníamos libertad para no pecar y para pecar. Pero después de la caída y antes de la redención la única libertad que nos queda es la de pecar” y en De peccat merit et remis “… el estado de culpabilidad por el pecado domina a los hombres de un modo tal que no les permite llegar a la vida eterna, que es la única vida verdadera, sino que los arrastra incluso a la muerte segunda (que es la muerte eterna, como castigo por los pecados)”.

MARTÍN LUTERO.

Posteriormente en el siglo XVI, luego del oscurantismo religioso de la Edad Media, Martín Lutero, el gran reformador también defendió esta doctrina frente a Erasmo y los Humanistas, en su “De Servo Arbitrio” (1530) Que el libre albedrío no es nada, escribió: “Pues bien: lo más seguro seria, y lo más adecuado a nuestra religión cristiana, prescindir del todo de este término libre albedrío: Pero si no queremos prescindir de él, al menos enseñemos con buena fe que se lo debe usar en el sentido siguiente: que al hombre se le concede un libre albedrío no respecto de lo que es superior a él, sino sólo respecto de lo que es inferior. Esto es: el hombre debe saber que en lo referente a sus bienes y posesiones materiales, él tiene el derecho de usar, hacer y no hacer conforme a su libre albedrío, si bien también esto lo guía el libre albedrío del solo Dios en la dirección que a él le place; pero que frente a Dios, o en lo pertinente a la salvación o condenación, el hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás”.

En otras palabras, Lutero está diciendo que el ser humano antes de la regeneración o nuevo nacimiento tiene una libertad limitada que le permite escoger su propio camino pero que no es libre para escoger venir a Dios ya que se encuentra impedido por su naturaleza corrompida.

 JUAN CALVINO

También Juan Calvino (1509-1564) Teólogo y pastor francés, líder importante durante la Reforma en su “Institución a la religión cristiana” refiriéndose a este tema dice: “Así que debemos tener en cuenta esta distinción: que el hombre, después de su corrupción por su caída, peca voluntariamente, no forzado ni violentado; en virtud de una inclinación muy acentuada a pecar, y no por fuerza; por un movimiento de su misma concupiscencia, no porque otro le impulse a ello; y, sin embargo, que su naturaleza es tan perversa que no puede ser inducido ni encaminado más que al mal. Si esto es verdad, evidentemente está sometido a la necesidad de pecar” (Inst. 2.3.5).

Es necesario que Dios regenere e ilumine al pecador para que pueda conocer a Dios. “Por eso el Señor por su profeta promete como un singular beneficio de su gracia que daría a los israelitas entendimiento para que le conociesen (Jer. 24:7), dando con ello a entender evidentemente, que el entendimiento humano en las cosas espirituales no puede entender más que en cuanto es iluminado por Dios. Esto mismo lo confirmó Cristo con sus palabras, cuando dijo que nadie puede ir a Él sino aquel a quien el Padre lo hubiere concedido (Jn. 6:44)”. (Inst. 2.2.20).

Esta doctrina de que no hay un “Libre albedrio” natural para venir a Dios como consecuencia de la corrupción moral que  heredamos de Adán es una doctrina muy saludable que se haya en el corazón nuestra iglesia Unida ya que deja fuera cualquier mérito del ser humano en la salvación y su aplicación (soteriología), los reformadores antes mencionados, siguieron las enseñanzas de San Agustín que defendió las doctrinas de la Gracia de Dios frente a Pelagio en el siglo quinto, los lectores pueden investigar estas controversias, por ahora, es importante destacar que la Reforma religiosa del siglo XVI fue la recuperación del pensamiento bíblico como fue enseñado por el apóstol Pablo. Conocidas por todos son las tres frases breves que se constituyeron en grito de guerra de la Reforma, estas fueron: sola gratia (sólo por gracia), solus Christus (sólo por Cristo) y sola fide (sólo por fe), implícita se encuentra la declaración que el ser humano, en su condición después de la caída está muerto espiritualmente, no puede contribuir ni ayudar a su salvación y  depende enteramente de Dios para su justificación y santificación, así también es revelado claramente en las epístolas del Apóstol Pablo especialmente en las cartas a los Romanos y a los Gálatas.

REFORMADOS.

La Confesión de fe de Westminster (1647) en el capítulo Vl titulado: "De la caída del hombre, del pecado y de su merecido castigo" declara:

2.- Siendo Adán y Eva la raíz de toda la raza humana, la culpa de este pecado fue imputada y la misma muerte en el pecado y la naturaleza depravada fue transmitida a toda la posteridad descendiente de ellos por generación ordinaria.

3.- De esta corrupción original (por la cual estamos totalmente impedidos, inhabilitados y opuestos a todo bien y completamente inclinados a todo mal), proceden todas las transgresiones actuales.

La descripción de esta confesión reformada concuerda con la carta de Pablo (Romanos 3:10-12) la cual dice: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Y “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.  (Romanos 5:12).

Cuando Adán desobedeció a Dios, lo que en lenguaje bíblico se define como “pecado” o transgresión a la ley, fue condenado a la muerte no sólo física sino también espiritual lo que también trajo como consecuencia la corrupción moral y la  pérdida del libre albedrío natural, desde ese día  afectarían a toda la raza humana  por quienes Adán actuaba como su representante, es por ello que nadie puede conocer o venir a Dios excepto aquel a quién Él mismo atraiga.

 

ARMINIANISMO CLÁSICO.

El arminianismo clásico es comúnmente confundido con los sistemas teológicos pelagiano y semipelagiano. Esta confusión se deriva de dos razones: primera, desconocimiento absoluto de las premisas de los tres sistemas y segunda, la selección arbitraria de opiniones de teólogos que abandonaron la soteriología original del arminianismo clásico. Como ya se mencionó al inicio de este estudio San Agustín trataba la naturaleza humana diametralmente en oposición a estos sistemas y también lo hace Arminio. Él escribió: “…Pero en su estado caído y pecaminoso, el hombre no es capaz, de por sí mismo, pensar, desear, o hacer lo que es realmente bueno…”. (The Works of James Arminius. Vol.1, pag. 174). En su libro Introducción al Arminianismo Rodriguez, Zwinglio señala: “Arminio y los remonstrantes creían que los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. La voluntad humana se tornó esclava del pecado”.

Sería oportuno señalar que lo que llego a llamarse arminianismo en tiempos posteriores no siguió al propio Arminio ni a los remonstrantes y menos a Wesley, en su concepción  del estado del ser humano después de la caída. Como ya se ha explicado, en esta doctrina, ellos, estuvieron en armonía con los postulados de San Agustín al igual que lo explica el Apóstol Pablo en sus epístolas.

JUAN WESLEY.

A continuación, analizaremos brevemente las enseñanzas del fundador del Metodismo, Rev. John Wesley (1703-1791). Antes de hacerlo sería oportuno  señalar que en esta materia y en muchos otros temas doctrinales, él estuvo en armonía con los reformadores mencionados y con las doctrinas del cristianismo histórico. La Iglesia Pentecostal chilena, nació, por la providencia de Dios, en el seno de la Iglesia “Metodista Episcopal” y de ella heredó doctrinas, dogmas, sacramentos, himnos, etc., ya sea que se tenga o no conciencia de esta realidad. La manifestación pentecostal recibida en Chile en el año 1909 fue “una experiencia”, obra del Espíritu Santo, sin embargo, la “base doctrinal” de nuestra Iglesia continúa siendo metodista. Es por ello, que desde esta fuente, la cual nos identifica, continuaremos analizando el tema respecto de la “Caída y sus consecuencias”.

Wesley dijo que su propia intención fue ser el hombre de un solo libro, este deseo comenzó alrededor del año de 1730 cuando era estudiante en la Universidad de Oxford y pertenecía al “Club santo”. El propósito de este club era: “su único deseo era de ser cristianos bíblicos manifiestos, tomando la Biblia como su única regla, tal como la interpretaba la iglesia primitiva y la nuestra”. Esto fue siempre la intención de Wesley: “Mi fundamento es la Biblia. Sí, soy un fanático de la Biblia. La sigo en todas las cosas, en las grandes y en las pequeñas”. (Wesley, Una breve historia del metodismo.).

Wesley dice que la doctrina del pecado original es una de las doctrinas esenciales del cristianismo y una de las marcas distintivas de la fe. Para Wesley era la doctrina que establecía la diferencia entre los cristianos y todas las otras formas de paganismo, la doctrina del pecado original describe la enfermedad esencial de la raza humana para la cual el remedio es el evangelio, pero hasta qué grado esta enfermedad afectó a la raza humana, es lo que veremos a continuación en los sermones de Wesley.

“…las obras todas del hombre son inicuas y pe­caminosas, y así es que todos necesitamos de una nueva expia­ción. El árbol podrido no puede dar sino fruto podrido; el co­razón del hombre está enteramente corrompido y es cosa abo­minable; se halla “destituido de la gloria de Dios;” de esa su­blime pureza que al principio se imprimiera en su alma, como imagen de su gran Creador. No teniendo pues nada, ni santidad ni obras qué alegar, enmudece confundido ante Dios”. (Sermón: La salvación por la fe, 1738).

“El hombre desobedeció a Dios; comió del árbol del cual Dios le había mandado diciendo: “no comerás de él,” y ese día fue condenado por el justo juicio de Dios. La senten­cia que se le había anunciado empezó a cumplirse. En el mo­mento que probó el fruto, murió. Su alma murió, puesto que quedó separada de Dios, y el alma separada de Dios no tiene más vida que el cuerpo separado del alma. Su cuerpo, asimismo, se volvió corruptible y mortal; de manera que la muerte se posesionó también de esta parte del hombre y es­tando ya muerto en espíritu, muerto para con Dios, muerto en pecado, se apresuraba hacia la muerte eterna; a la destrucción del cuerpo y del alma en el fuego que nunca se apagará. Así, por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres que estaban contenidos en él, pues fue el padre y represen­tante de todos nosotros. Así pues, por la ofensa de uno, todos están muertos, muertos para con Dios, muertos en pecado, habitando en cuerpos mortales y corruptibles, que pronto se han de disolver y bajo sentencia de muerte eterna, “porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores,” así por esa ofensa de uno, vino la culpa a todos los hombres para condenación (Romanos 5:12, etc.)”. (Sermón: La justificación por la fe, 1747).

“…el hombre que fue engendrado en iniquidad  y a quien su madre concibió en pecado, que por naturaleza es mundano, sensual  y pecaminoso, enteramente corrompido y abominable; en quien, mientras no se halla gracia, “no existe nada bueno”;  que no puede pensar nada bueno; que es todo pecado, una completa masa de iniquidad y quien comete el pecado con la misma frecuencia con que respira; cuyas transgresiones de palabra y de obra son ma­yores en número que los cabellos de su cabeza”. (Sermón: La Justicia por la fe).

En cada uno de estos sermones y en muchos otros, Wesley expresó sus enseñanzas para las sociedades metodistas acerca de la Caída del hombre, su condenación y la corrupción de todas sus facultades con la consecuente pérdida del libre albedrio para hacer el bien y venir a Dios, dicho en otras palabras, si alguien ha de venir a Dios, Él tiene que atraerlo por su gracia.  Según el historiador Justo González (Historia del pensamiento cristiano, tomo III, pág. 316)  dice: “…era de esperarse que la teología de Wesley, en términos generales concordara con la Iglesia de Inglaterra. Y ciertamente tal fue el caso, puesto que Wesley siempre afirmó las doctrinas de los treinta y nueve artículos…”

Aún en los 39 artículos establecidos en el año 1571 por la iglesia Anglicana, se indica en el Artículo 10 del Libre albedrío: “La condición del Hombre después de la caída de Adán es tal, que ni puede convertirse, ni prepararse con su fuerza natural y buenas obras, a la Fe e Invocación de Dios. Por lo tanto, no tenemos poder para hacer buenas obras gratas y aceptables a Dios, sin que la Gracia de Dios por Cristo nos prevenga, para que tengamos buena voluntad, y obre con nosotros, cuando tenemos esa buena voluntad”.

 

CONCLUSIÓN :

Al recopilar brevemente el desarrollo que ha tenido esta doctrina fundamental del cristianismo  y como coinciden las principales corrientes históricas, (usted puede realizar una investigación más profunda), nos damos cuenta que muchos grupos, iglesias y líderes religiosos se han alejado paulatinamente de esta enseñanza bíblica fundamental y que también otros han sido objeto de prejuicios, por ignorancia de sus escritos o por reinterpretaciones de sus enseñanzas originales, las cuales posteriormente fueron dadas a conocer tergiversadas, dejando que la tradición popular se encargue de atribuírselas equivocadamente.

También ha sucedido que los seguidores de un determinado líder han llevado sus ideas más lejos de lo que él mismo plasmó correctamente conforme a la Escritura. Debemos ser prudentes a la hora de etiquetar doctrinas identificándolas con ciertos autores sin conocerlos mejor. Sería recomendable estudiar más las obras de Wesley el fundador del Metodismo, dando siempre el primer lugar a la Biblia, como el mismo expresó: “Sólo una cosa deseo saber: el camino al cielo; cómo llegar a salvo a esa costa feliz. Dios mismo se ha dignado mostrar el camino. Para eso fue que vino desde el cielo. Lo ha escrito en un libro. ¡Dadme ese libro! ¡A cualquier precio, dadme el libro de Dios!”.  (Celsa Garrastegui y William Jones, Guía de estudio para las obras de Wesley pag.16)

Podemos concluir con claridad entonces, que la Caída del hombre en el huerto del Edén, se refiere a hechos históricos narrados en las Sagradas Escrituras, donde existió el primer hombre llamado Adán, quien fue el representante de toda la raza humana, fue creado perfecto (como hombre), sin ninguna tendencia al mal, lo que le permitió actuar con verdadero libre albedrío. Fue puesto por Dios en un período de prueba y su decisión de desobedecer trajo como consecuencia la condenación a la muerte, por el justo juicio de Dios, y la corrupción moral para toda su posteridad. Desde ese día todos nacemos destituidos de la gloria de Dios y condenados a la muerte tanto física como espiritual, no poseemos un libre albedrío natural y dependemos enteramente de la gracia de Dios para conocerle y venir a Él. En futura secuencia de estudios, veremos cómo esto es posible por parte del Creador.

Aporte Web : Pr. Claudio Gutiérrez Valdivieso.

 


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