Escuela Dominical

domingo 04 de agosto del 2019 2° Corintios 1:1-7Romanos 15:5-6

Tribulaciones y consolación

Lección: 2° Corintios 1:1-7
Texto: Romanos 15:5-6

  • Tribulaciones y consolación

Introducción: Todo creyente para ser consolado, es necesario que pase primero por el sufrimiento, por la aflicción, por la tribulación. No hay victorias sin padecimientos. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (Romanos 8:16-17). Si alguno está padeciendo como creyente, confié que el Señor también podrá consolarle.

 

Desarrollo:Comienza esta nueva epístola, con la salutación acostumbrada de Pablo, en el encabezamiento de sus cartas diciendo: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo” (v.1a). “Apóstol” proviene de una palabra griega que significa “uno que es enviado”. El establece su autoridad como un emisario del Señor Jesucristo por nombramiento de Dios (1 Corintios 9:1; 15:8-10; Hechos 9:3-6, 17), “y el hermano Timoteo” (v.1b) El hijo amado en la fe del apóstol, además una persona muy importante en la vida y en el ministerio de Pablo. Lo había conocido en su primer viaje misionero en Derbe y Listra (Hechos 16:1-4); estuvo con él en la fundación de la iglesia en Corinto (Hechos 18:1-5), lo menciona en 1 Corintios 4:17 y 16:10-11, por lo tanto, los corintios lo conocían, al mencionarlo el apóstol que era un “hermano” en la fe, quizás fue para suavizar cualquier sentimiento encontrado tras su visita reciente. La carta va dirigida; “a la iglesia de Dios que está en Corinto con todos los santos que están en toda Acaya” (v.1b).

He aquí ahora los saludos “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (v.2). No se trata de un simple saludo de cortesía nada más, este es un saludo lleno de bendición. Al juntar estas dos palabras, Pablo está tomando los saludos normales de dos culturas. La palabra “gracia” que usaban los griegos y la palabra “paz” que usaban los judíos. Ambas tienen su propio significado, y ambas son usadas con un contenido cristiano. Gracia significa bondad, misericordia, estimación, favor, regalo. La gracia tiene que ver con la actitud característica de Dios a las personas. Dios es la fuente de la cual procede la gracia y Jesús es el medio por la cual la gracia llega a la gente. Paz significa tranquilidad, no en el sentido de ausencia de guerra o de problemas; es la paz que resulta de la reconciliación del hombre con Dios. La gracia de Dios produce paz. La persona puede estar en medio de conflictos, dolor o dificultades y a pesar de esto tener paz.   “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (v.3). Pablo alaba al Dios verdadero, quien se reveló asimismo, en su Hijo, quien es de la misma esencia del Padre (Juan 1:14, 18; 17:3-5; Hebreos 1:2-3). Él es el Ungido (Cristo) y Soberano (Señor) Redentor (Jesús). Aunque el Hijo disfrutaba a plenitud de una posición exaltada, estuvo dispuesto a convertirse en un siervo sumiso en su encarnación (Filipenses 2:5-8). Esta expresión de bendición, abarca todo el mensaje del evangelio. Pablo lo llama también “Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (v.3b), pues es infinitamente misericordioso, es decir, un Dios que tiene amor y poder suficiente, para prestar el consuelo y la fortaleza necesaria a todos los hijos en toda clase de circunstancia. Se destaca que en 5 versículos (v.3-7) el verbo consolar y el sustantivo consolación aparece nada menos que 10 veces.

El versículo 4 dice: “El cual nos consuela en todas nuestra tribulaciones…”. La palabra “consuela” (gr paraklesis), significa estar al lado de una persona alentándola y ayudándola en sus sufrimientos. Dios cumple esa función de manera suprema, pues él envía a sus hijos el Espíritu Santo para consolarlos (Juan 14:16). Pablo había aprendido en sus muchos sufrimientos que ninguno de ellos, no importaba cuan severo fuera, podría separar a los creyentes del cuidado y la compasión de su Padre celestial (Romanos 8:35-39). A veces Dios permite los sufrimientos en la vida del creyente, para que al haber experimentado su consuelo, pueda consolar también a otros.

La consolación de Dios para los creyentes, se extiende en la medida de sus sufrimientos por Cristo; “Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo” (v.5a), cuanto más sufran por causa de la justicia mayor será su consuelo y recompensa; “así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (v.5b) (ver 1 Pedro 4:12-14). Pablo, sabia por experiencia propia que muchos sufrimientos parecían interminables (4:7-11; 6:5-10 y Gálatas 6:17), pero, la consolación del Señor lo acompañaban en toda situación.

Conclusión:En los dos últimos versos (6 y 7), la conclusión que saca Pablo de esto es que tanto las tribulaciones que padecía, como las consolaciones que recibía, todo servía para que sus lectores, a quien va dirigida la carta, se animaran a soportar los mismos padecimientos: Y expresa su confianza de que así como los corintios habían conocido lo que era sufrir por Cristo, así ellos experimentaran la ayuda consoladora del mismo Cristo. Los sufrimientos nunca vienen solos sobre el cristiano; siempre son seguidos por la consolación que da el Señor. Como Pablo, también nosotros podemos estar confiados, que en medio de los padecimientos encontraremos consolación.


 Nota : Cualquier consulta de la lección, la puede realizar a la comisión encargada.

COMISION A CARGO DE LA ESCUELA DOMINICAL 2019

Pr.Jorge Andulce P. (3°Viña del Mar)

Pr.Manuel Díaz B. (Santiago Centro)

Pr.Claudio Cisternas C. (5°Puente Alto)

 Pr. Alvaro Vega N. (2°Quilpué)

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