Escuela Dominical

domingo 24 de julio del 2022 Tito 3:1-7Efesios 2:4-5

SALVOS POR GRACIA

Lección: Tito 3:1-7
Texto: Efesios 2:4-5

  • SALVOS POR GRACIA

Introducción: Hay un antes y un después en todos los que hoy disfrutamos de la relación que tenemos como hijos de Dios. En esta lección la recomendación de Pablo a Tito es, que les recuerde que ahora son hijos de Dios, y esto los lleva a tener una responsabilidad como hijos de Luz ante las autoridades, como también delante de todos sus conciudadanos, demostrándolo a través de su conducta, buen trato, amabilidad y buenas personas que deben ser cada día. Todo ello se debe a la regeneración que se efectuó, siendo salvos por gracia.   

Desarrollo: Tito debía recordar a los creyentes en las reuniones o asambleas en Creta, sus responsabilidades para con el gobierno. El enfoque cristiano es que los gobiernos son establecidos por Dios (Romanos 13:1). Un régimen, independiente de si creen o no en Dios, traerá cierto orden, de otro modo reinaría la anarquía. Dios ha establecido el gobierno sobre todos los ciudadanos (Salmo 103:19), así como ha establecido la iglesia sobre todos los creyentes (1 Pedro 2:13-17), se les pide a los creyentes, “que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (v.1b).

“Que a nadie difamen” (v.2a), es decir que no calumnien o hablen mal de las personas (cuando se van repitiendo chismes se va dañando la honra de las personas). “Que no sean pendencieros” (V.2b), que no se enreden en contienda, riñas de palabras o de obra; se necesitan dos personas mínimo para generar una disputa. Un creyente debe ser conciliador, con un actuar pacifico, recodemos que: “la blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor” (Pr 15:1). Siendo “amables” (v.2c), como dice Filipenses 4:5 “vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres”. Mostrando toda mansedumbre (dulzura de ánimo) para con todos los hombres” (v.2d).  La mansedumbre es lo opuesto a estar fuera de control (como la pendencia), no significa debilidad como muchos piensan, sino, un autocontrol dado por el Espíritu Santo. Esa mansedumbre no solo debe expresarse con los demás creyentes, sino también, con todos los hombres.

A continuación, Pablo llama a reflexionar como era (éramos) la conducta de la gente antes de conocer a Jesucristo, esto no quiere decir, que todos los creyentes hayan cometido todos los pecados que va a describir a continuación, pero, que son representativos de lo que ocurre con cada creyente cuando logra conocer a Cristo. “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos” (v.3a). Insensatos: (sin madurez, reflexión o cordura), “rebeldes” (v.3b), desobedientes a Dios y quizás a los padres y a otras autoridades. “Extraviados” (v.3c). Perdido, que tiene costumbres desordenadas, siempre alejado del buen camino y acabando en callejones sin salidas. “Esclavos de concupiscencias” (v.3d), vale decir, apetitos desmedidos de bienes materiales y placeres, además, “deleites diversos, viviendo en malicia y envidia” (v.3e), con sentimientos fuertes de egoísmos llevando vidas aborrecibles, odiándose unos a otros. Esa era la vida de la mayoría de las personas que no conocían a Dios, en el tiempo que escribe el apóstol, (lo mismo escribe en Efesios 2:2-3) que no es diferente a lo que es el tiempo actual, pero, la bondad del Señor nos alcanzó y hoy estamos al otro lado de la vereda, así lo confirma el siguiente versículo:

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres” (v.4), esto aconteció en los albores de nuestra era, cuando el Señor Jesús apareció en el mundo, cuando estábamos lejos de Dios, no nos rescatamos nosotros mismos, fuimos rescatados por “la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor…” (v.4b). ¡Que inmenso amor! Cuando estábamos muertos en delitos y pecados nos alcanzó, antes de que nos perdiéramos.

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (v.5a). Nos recuerda el apóstol, una vez más que Dios nos salvó no por méritos humanos, sino por su misericordia. La justicia demandaba que se administre el castigo merecido, (recordemos que la paga del pecado es muerte), la misericordia provee un camino de justicia por el que se evita el juicio. (Efesios 2:4-5). “Por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (v.5b). El lavamiento de la regeneración es de lo que está hablando el Señor en Juan 3:5 (el nuevo nacimiento), cuando le dijo a Nicodemo “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. El agua representa la palabra de Dios, la palabra tiene poder de limpiar al pecador y tiene un poder santificador. “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3), (ver también Efesios 5:26-27). Nuestro nuevo nacimiento también es mencionado como “una renovación en el Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios produce una maravillosa transformación, por lo tanto, el Espíritu es el agente (el que tiene la virtud de obrar) en la regeneración y la palabra de Dios es el instrumento.

“El cual derramo en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (v.6). Pablo, hace referencia a la obra del Espíritu Santo, recordando el derramamiento del Espíritu en Pentecostés, y de allí en adelante (comparar con Hechos 2:33; 11:15). Dios da provisión abundante y suficiente de su gracia y poder, como resultado del nuevo nacimiento, y de la obra de su Espíritu en nosotros los creyentes.

Conclusión: El resultado inmediato de nuestra regeneración es que, “justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (v.7). Al recibir la regeneración o nuevo nacimiento, Dios nos adopta como hijos, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14) y recibe “el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Romanos 8:15b), “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17a). Y todo esto es solamente por su gracia. Disfrutemos de la bendición de Dios que por su gracia nos alcanzó.

 

 

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