Escuela Dominical

domingo 18 de julio del 2021 Colosense 4:7-183 Juan 1:5-6

Saludos finales

Lección: Colosense 4:7-18
Texto: 3 Juan 1:5-6

  • Saludos finales

Introducción: Al llegar al final de esta carta, nos quedan las palabras de estas preciosas verdades reveladas por Dios a Pablo, y que han permanecido por siglos. El apóstol al despedirse con saludos cordiales nombra a 10 hermanos, que de una u otra manera, prestan servicios a los demás, y están involucrados en la extensión del reino, orando y trabajando, prestándose desinteresadamente como instrumentos en las manos de Dios. Y usted hermano ¿Cómo se presta en las manos del Señor, para edificar o colaborar con los que están comprometidos en la iglesia que usted milita?

Desarrollo: Pablo ha puesto fin a las enseñanzas prácticas y se dispone a dar los saludos acostumbrados. Antes hace referencias a los portadores de la carta. “Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico” (v.7a). Tíquico quiere decir “casual” o “afortunado”, natural de Asia menor, probablemente Éfeso, quien lleva la misión no solo de entregar la misiva, sino también, contar todo lo que concierne a los asuntos de Pablo (Efesios 6:21-22). El apóstol le llama “amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor” (v.7b). Pablo lo envía también para que “conforte sus corazones” (v.8b), los fortalezca, alentándoles y ayudándoles a mantenerse firmes contra las falsas enseñanzas reinantes (2:8-10, 16-23). “Con Onésimo” (v.9a) (útil, provechoso) (ver también Filemón 1:10), “amado y fiel hermano, que es uno de vosotros” (v.9b), un esclavo fugitivo que conoció el evangelio por medio del apóstol Pablo, y ahora tiene el privilegio junto a Tíquico de llevar la carta a sus hermanos en la fe, entre ellos a su amo Filemón, agrega “Todo lo que acá pasa, os lo harán saber” (v.9c). Esto indica la confianza que el apóstol tenía en este “fiel hermano”, que junto a su compañero podría dar un reporte confiable y fidedigno acerca de las actividades de Pablo. “Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda” (v.10a), por Hechos 19:29, sabemos que estuvo implicado con Pablo en el motín de Éfeso, y en Hechos 20:4 lo vemos que fue uno de los delegados de la iglesia de Tesalónica, que acompañaron junto a otros, a Pablo, en la recolección de ofrendas para los pobres de Jerusalén. Lo de “compañero de prisiones”, puede ser que él haya sido aprendido por las autoridades de Roma por sus vínculos con Pablo, pero, es muy probable que tenga el sentido de ser “preso en el Señor”. “Y Marcos el sobrino de Bernabé (v.10b), autor del segundo Evangelio, amigo y escriba de Pedro (él lo llama hijo 1 Pedro 5:13), quien le había fallado a Pablo (Hechos 13:13, 15:38-39), pero ahora es muy útil y están reconciliados, “si fuere a vosotros, recibidle” (v.10c); “y Jesús, llamado Justo” (v.11a) (nombre romano), son los únicos de extracción judía que le colaboraban en el reino de Dios, y para él eran “un consuelo” (v.11b). Viene ahora una lista de creyentes de origen gentil y comienza con Epafras, diminutivo de Epafrodito, pero no es el mismo hermano (Filipenses 2:25). “Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros” (v.12a).

Este hermano les había predicado (1:7), quien se preocupaba mucho por ellos, recordándoles constantemente en sus oraciones, pidiendo “encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” (v.12b), tal como lo hacía el apóstol (1:28-2:2). Pablo da testimonio de la gran solicitud que tenía Epafras no solo por los hermanos coterráneos, sino también, por los que estaban en Laodicea e Hierápolis (ciudad sagrada) (v.13), los hermanos de Colosas y estas ciudades no habían visto el rostro de Pablo (Colosenses 2:1). “Os saluda Lucas el médico amado, y Demás” (v.14). Aquí se describe a Lucas en su profesión; “medico amado”, autor del evangelio que lleva su nombre y el libro de los Hechos, quien acompañó a Pablo en gran parte de sus viajes. Le había servido física y espiritualmente, en los tiempos de enfermedad, persecución y encarcelamiento y en los últimos días, Pablo da testimonio de él, “solo Lucas está conmigo” (2 Timoteo 4:11). Demás, un buen colaborador, mientras estuvo en Roma (Filemón 1:24), pero, cinco años después, tiene que escribir: “Demás me ha desamparado, amando este mundo y se ha ido a Tesalónica” (2 Timoteo 4:10). “Saludad a los hermanos que están en Laodicea” (v.15). Siempre el siervo de Dios está mandando saludos a las diferentes congregaciones (aunque a estos últimos no los conoce, sino por referencias), “y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa” (v.15b), no hay mayores argumentos de quién es Ninfas, si un varón o una mujer. En el primer siglo era común que muchas iglesias funcionaran en algunas casas (Romanos 16:5, 23; 1 Corintios 16:19; Filemón 1:2).

En el versículo 16 Pablo, encomia a los hermanos a que una vez que se haya leído la carta, después, fuese llevada hasta Laodicea y fuese leída también allá, y a su vez la carta de los laodicenses fuese leída en Colosas. Hay opiniones que dicen que la carta a Laodicea es la misma escrita a los Efesios (esta última considerada carta circular). Al no existir el Nuevo Testamento (que estaba en proceso de formación), al parecer los hermanos eran edificados con las epístolas que pudiesen estar en circulación. “Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor” (v.17). Por la referencia de Filemón 1:2 es probable que fuese hijo de Filemón y Apia. El llamado a cumplir el ministerio es muy parecido a lo escrito al joven Timoteo (2 Timoteo 4:5), al leerse públicamente la carta haría reflexionar a Arquipo. Al cierre de la carta tres cosas importantes en el v.18: “la salutación de mi propia mano” escribe Pablo, después de dictarla al amanuense, el saludo es de su puño y letra, con su nombre gentil de Pablo. “Acordaos de mis prisiones”, pide que le recuerden en sus oraciones. “La gracia sea con vosotros” la bendición es una de las más cortas de todas sus epístolas.

Conclusión: La cárcel no ha sido impedimento para que el evangelio siga extendiéndose. Pablo no está solo, hay colaboradores que hacen posible que la palabra de Dios llegue a diferentes lugares. Las cadenas no han sido impedimento para que la pluma plasme en los pergaminos, lo que el Espíritu Santo inspira y sale del corazón de nuestro hermano Pablo, palabras que han llegado hasta nuestros días, para edificación de nuestras almas.

 

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