Escuela Dominical

domingo 11 de abril del 2021 Filipenses 4:15-232° Corintios 9:8

La generosidad de los Filipenses

Lección: Filipenses 4:15-23
Texto: 2° Corintios 9:8

  • La generosidad de los Filipenses

Introducción: El apóstol Pablo, lejos estaba de andar buscando dádivas de los filipenses, ni de ninguna otra iglesia. Dios siempre había suplido sus necesidades. El más bien buscaba que la iglesia supiera la bendición que hay en el compartir lo que Dios nos da, que no se privaran de ese fruto espiritual que tiene recompensa de parte del Señor Jesucristo.

 

Desarrollo: (v.15) La única iglesia que Pablo reconoce que participó con él, en el sentido de ayudarle económicamente fueron los filipenses, además dice Pablo a los Corintios, que él no usó de este derecho de ser sustentado por las iglesias del Señor, para no poner ningún obstáculo al Evangelio de Cristo (1 Corintios 9:12) y que él predicó el Evangelio gratuitamente (1° Corintios 9:18).  Si el apóstol Pablo reconoce esta generosidad de los filipenses, cuanto más no lo reconocerá Dios que es justo, dice la Biblia: “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10). También, debiéramos recordar el elogio de Juan al hermano Gayo por su generosidad “cuando prestaba algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos” (3° Juan 1:5).

(v.16) No fue una sola vez que el apóstol recibió de los filipenses ayudas, sino como él mismo lo dice: “me enviasteis una y otra vez para mis necesidades”. Los Filipense llevaban a cabo el: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). No debemos de dejar de hacerlo, aunque la maldad se ha multiplicado, que nuestro amor no se enfríe (Mateo 24:12).

(v.17) Pablo no buscaba dádivas, “sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta”, es decir, buscaba obras de amor que rendirán frutos espirituales, que Dios mismo se los abone a su haber, y en el cielo recibirán la recompensa debida a su amor y cariño al apóstol.

(v.18) Al donativo que ha recibido ahora de los fieles de Filipo por manos de Epafrodito lo llama: “olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”. No debe extrañarnos que el apóstol compare tal donativo a un sacrificio, pues Hebreos 13:16 habla de que el hacer el bien y de la ayuda mutua como de sacrificios de los que se agrada Dios. Esta clase de sacrificio es aceptable a Dios porque, en el amor que se muestra hacia los hermanos, Dios ve como una especie de “acto de culto público” a él mismo. Lo “de olor fragante”, empalma con Levítico 3, donde se habla del sacrificio de paz, esto es, de comunión, en cuya categoría entran los sacrificios de ayuda al hermano.  Es digno también de destacar al hermano Epafrodito, por su amor y disposición de viajar desde Filipos hasta Roma, para llevar este donativo de amor de la iglesia a Pablo, cumpliendo así lo que enseña la palabra de Dios: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24).

(v.19) Ahora veremos la promesa de provisión de parte de Dios a los generosos filipenses: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Los filipenses habían suplido una necesidad en la vida de Pablo, y la remuneración era que todas las necesidades de ellos serían suplidas, conforme a las riquezas de la gloria de Dios en Cristo Jesús. Dios no es deudor de nadie, pero sí es suplidor de todas las necesidades de aquellos que confían en él. El cristiano que retiene para sí lo que debe compartir con otros, es como el Mar Muerto, que recibe agua, pero no fertiliza los campos que lo rodean. Dios bendice las dádivas que sus hijos dedican para la obra misionera, y bendice abundantemente a los cristianos que dedican sus dádivas para la gloria de Dios.

(v.20) Pablo concluye la expresión de su agradecimiento a los filipenses diciendo: “Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Otra vez Pablo, muestra su dependencia de Dios. Es fácil alabar a Dios cuando las circunstancias son propicias, cuando hay abundancia y bienestar; pero es difícil encontrar un motivo de alabanza cuando las circunstancias son adversas. El apóstol Pablo ha aprendido a dar gracias en todo, y usar cualquier situación para glorificar al Señor.

(v.21-23) Pablo concluye esta carta, pidiendo que sean saludados “todos los santos en Cristo Jesús”. La palabra “santos” se refiere a los creyentes; esto es verificado por la frase “en Cristo Jesús”. Todos aquellos que han recibido a Cristo Jesús como Salvador, han sido apartados por Dios, y unidos al Señor Jesús. Pablo saluda colectivamente a todos los creyentes de la iglesia en Filipos, y no solamente a un grupo de personas que pudiesen haber alcanzado un alto nivel espiritual. La expresión “los hermanos que están conmigo”, se refiere a los ayudantes de Pablo, tales como Timoteo y el mismo Epafrodito, y otros que habían colaborado con Pablo en la propagación del Evangelio.

El tercer grupo de saludos es enviado por la iglesia en Roma a la iglesia en Filipos. Estos hermanos no se conocían unos a otros, pero estaban unidos por el mismo amor y espíritu. El apóstol añade: “especialmente los de la casa de César”: El Evangelio había penetrado hasta el mismo corazón del imperio Romano; “los de la casa de César”. El Evangelio puede incluir tanto esclavos como libres, que trabajaban en el servicio al emperador Nerón. Es muy posible que aún altos funcionarios y oficiales fueron influenciados por el apóstol Pablo, y recibieron a Cristo como Salvador. De todas maneras, Pablo podía decir con verdadero orgullo cristiano, que aun los que servían al emperador, tuvieron la oportunidad de oír el evangelio.

Al cerrar la epístola, Pablo concluye con su frase favorita: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén”. Gracia es un don inmerecido. El Señor Jesucristo ha manifestado su gracia al morir por nosotros en la cruz del calvario. Las riquezas de la gracia del Señor han sido derramadas abundantemente sobre su iglesia. Nuestros pecados han sido perdonados conforme a las riquezas de su gloria (Efesios 1:7). El deseo del apóstol Pablo para con los Filipenses, de que la gracia del Señor Jesucristo sea con todos ellos, es un deseo, que abarca el más profundo sentimiento, en la mente y en el corazón de aquel gran siervo de Dios, hacia sus hijos espirituales.

Conclusión: En estos versículos, hemos visto cuán grande era el corazón del apóstol, y su gran devoción en predicar el Evangelio desinteresadamente, y cuando recibía alguna ayuda sin pedirla, con cuanto gozo y gratitud la recibía, como una ofrenda a Dios, de parte de la iglesia. Cuanta falta hace en estos días esa clase de predicadores, en que solo esperen en la provisión de Dios, que se sientan deudores del mundo en predicarles el Evangelio, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa.

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Pr. Jorge Andulce P. (3°Viña del Mar) * Pr. Manuel Diaz B. (Santiago Centro)

Pr. Claudio Cisternas C. (5°Puente Alto) * Pr. Alvaro Vega (2°Quilpué)

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