Escuela Dominical

domingo 07 de marzo del 2021 Filipenses 3:1-7Gálatas 6:14

Renunciar a los privilegios humanos por Cristo

Lección: Filipenses 3:1-7
Texto: Gálatas 6:14

  • Renunciar a los privilegios humanos por Cristo

Introducción: En estos versículos, el apóstol hace una advertencia a la iglesia a guardarse de los judaizantes, que solo buscaban su propia gloria, y la admiración de los creyentes, en contraste, con la humildad y el despojamiento de Pablo de toda carnalidad, y confianza de sus logros en el pasado en el judaísmo, con el fin de tener más de Cristo.

 

Desarrollo: (v.1) “Por lo demás, hermanos…” El apóstol se dirige a los filipenses sobre la base común que une a todos los cristianos. Al llamarles “hermanos”, Pablo indica que él no asume ningún plano de superioridad apostólica, sino que su exhortación está basada en la relación estrecha que existe entre los creyentes. Pablo los llama a “gozarse en el Señor”, que también puede traducirse, “continuad gozándoos”, o “gozaos continuamente”. Ese gozo continuo y constante es posible en la vida de un cristiano, cuando éste está en absoluto compañerismo con el Señor. Cuando hay pecado no confesado, entonces hay tristeza en la vida del creyente. Fue la experiencia del rey David, que mientras ocultó su pecado, sólo había angustia dentro de él, más cuando confesó su pecado a Dios, y se arrepintió, fue perdonado, y el gozo del Señor volvió a él (Salmo 51).

Ahora Pablo, les va a escribir, lo que ya antes, cuando había estado con ellos les había dicho, y que para él “no le era molesto el volver a señalárselas” y esto era: (v.2) “Guardados de los perros, guardados de los malos obreros…”. Guardaos, significa “mirar”, y la exhortación es que los filipenses deben estar siempre mirando, o velando, para no ser sorprendidos, por el peligro inminente que les acechaba. Tres veces usa el apóstol la palabra “guardaos”, lo cual indica la urgencia de la exhortación que él les hace. Otra forma de decirlo sería; “¡ojo! Con los perros, “¡ojo! Con los malos obreros, ¡ojo! Con los mutiladores del cuerpo”.

¿Quiénes eran los perros? Antes debo decir que el perro era considerado por los judíos como un animal inmundo, pues comía animales muertos, carne humana y sangre (Éxodo 22:31; 1 Reyes 14:11; 22:38).

Pablo usa esta expresión “perros”, para referirse a los judaizantes, es decir, aquellos que querían hacer que los gentiles cristianos viviesen de acuerdo con la ley de Moisés, y que señalaban que el rito de la circuncisión era imprescindible para la salvación (Hechos 15:1-6), mientras que Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, enseñaba que la salvación es un regalo de Dios que se recibe por la fe en Cristo Jesús (Efesios 2:8-9).

“Los malos obreros”, son aquellos de los cuales el apóstol Pablo señala a los ancianos de Éfeso, en Hechos 20:29-30 diciéndoles: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Estos malos obreros persisten en nuestros días. Hoy día, también hay mercenarios y obreros fraudulentos, cuyo fin no es glorificar a Cristo, sino obtener beneficios y gloria personal.

“Los mutiladores del cuerpo”. Los judíos en tiempo de Pablo enseñaban que a menos que un hombre fuese circuncidado, no era salvo. El apóstol Pablo, ataca esa posición errónea, no llamándola circuncisión, sino mutilación, comparándoles con los sacerdotes paganos, quienes no circuncidaban, sino que mutilaban.

(v.3) “Porque nosotros somos la circuncisión…”. La verdadera prueba de la circuncisión no radica en el cortamiento de la carne, sino en un servicio espiritual a Dios. El servicio del cual habla el apóstol es realizado por medio del Espíritu de Dios, y no por el poder de la carne. En Romanos 2:29, Pablo habla de la “circuncisión del corazón”. Esa circuncisión interior, es equivalente al nuevo nacimiento, y sólo los nacidos de nuevo pueden realizar un servicio a Dios espiritual y agradable a él. “No teniendo confianza en la carne”. El apóstol se refiere a méritos humanos, en los que una persona pudiese, para obtener las bendiciones de Dios.

(v..4-6) “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne…”. El apóstol Pablo era un hombre extraordinario. Aquellos hombres que se aventuraban a confiar en méritos humanos no podían compararse al apóstol Pablo, en lo que a privilegios personales se refería. Para que sus adversarios no pensasen que ellos aventajaban al gran apóstol, él les dice: “Aunque yo tengo también de que confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de que confiar en la carne, yo más” (v.4). Si Pablo hubiese deseado demostrar su confianza en la carne, hubiese sobrepasado y aventajado a todos aquellos que se oponían al gran apóstol. Pablo dice: “si alguno piensa en sí mismo”, esta es una expresión irónica usada para sugerir que la realidad era otra, es decir, estos hombres no poseían tales méritos, sino que, pensaban equivocadamente que los poseían. Entonces el apóstol comienza a enumerar todas las cosas de las cuales él podía estar orgulloso. “Circuncidado al octavo día”, tal como estaba prescrito por la ley de Moisés (Levítico 12:3). Como un genuino israelita, el apóstol Pablo podía hablar con orgullo de su posición dentro del pacto Abrahámico.

La segunda razón para el orgullo del apóstol Pablo es la de ser “del linaje de Israel”. Pablo no era un prosélito cualquiera, sino que era descendiente de Abraham, a través de Israel, a quien Dios hizo heredero de la promesa. Cuando Pablo afirma que es del linaje de Israel, está simplemente afirmando que él está dentro de la línea de la promesa y el pacto. En tercer lugar, Pablo expresa que él es “de la tribu de Benjamín”. Benjamín fue el hijo menor de Jacob con Raquel, y fue el único hijo de Jacob que nació en la tierra prometida. Saúl, primer rey de Israel, era descendiente de la tribu de Benjamín. También la tribu de Benjamín fue la única de las doce tribus que permaneció fiel a Judá, cuando la división del reino tuvo lugar. El apóstol Pablo podía gloriarse de ser descendiente de la tribu de Benjamín, añadiendo así una razón más para sentirse orgulloso de los privilegios humanos que él, indiscutiblemente poseía.

Otra razón que Pablo alega es el hecho de ser “hebreo de hebreos”. Él había sido entrenado bajo la estricta supervisión pedagógica del sabio hebreo Gamaliel. Pablo hablaba perfectamente el arameo, que era el idioma que hablaban los judíos. Nacido de padres hebreos, educado como hebreo, conocedor del idioma, las costumbres y la religión hebrea, Pablo podía decir con todo orgullo patriótico, que él era hebreo de hebreos.

En quinto lugar, Pablo defiende su orgullo de ortodoxia religiosa, al decir: “en cuanto a la ley, fariseo”. Los fariseos eran los miembros de la secta religiosa más estricta que existía en aquellos tiempos. Esta secta fue formada por los sucesores de Hasidim, quien prefirió la muerte antes que violar la ley y las tradiciones de los ancianos, cuando Antíoco Epífanes prohibió la práctica del judaísmo en el año 168 a.C. Poco después del tiempo de los macabeos, los fariseos, formaron un grupo aparte, y por el año 135 a.C. ya estaban bien establecidos en el judaísmo. Parece que el nombre “fariseos” proviene del verbo hebreo “parash”, que significa separar.

La principal característica de los fariseos era el énfasis que ponían en la estricta observancia de la ley, tanto oral como escrita. Atribuían grande valor a la ley oral o tradición, la cual observaban con toda escrupulosidad. Creían en la existencia de ángeles y espíritus, en la inmortalidad del alma y en la resurrección del cuerpo. Practicaban la oración ritual y el ayuno, y diezmaban meticulosamente todas sus propiedades (Mateo 23:23; Lucas 11:42). Guardaban el sábado muy estrictamente, tanto que ni siquiera se permitía la curación de los enfermos, ni el corte ocasional de espigas tiernas para comer. (Mateo 12:1-2).

De manera que el apóstol Pablo, al enfatizar su relación con la secta de los fariseos, estaba declarando que pertenecía al grupo religioso más conservador y estricto que existía en todo Israel. Seguidamente, Pablo expresa hasta qué punto llegaba su fanatismo, al decir: “en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (v.6). La Escritura nos habla de un joven llamado Saulo, que guardaba las ropas de los que apedreaban a Esteban, y consentía en la muerte de aquel fiel diácono (Hechos 7:58; 8:1). Pablo escribe a Timoteo señalándole lo siguiente: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; más fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad” (1 Timoteo 1:12-13). A los gálatas, también les señala cual fue su conducta en el pasado, diciéndoles: “Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba” (Gálatas 1:13).

(v.7) “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”. El encuentro que tuvo Pablo con Jesucristo en el camino de Damasco fue de influencia tal, que cambió totalmente su vida. Desde aquel momento, la persona de Cristo vino a ocupar el primer lugar en la vida de Pablo. Las cosas que antes él consideraba de mayor valor, ahora venían a ser completamente sin valor, lo que era ganancia, ahora es pérdida y basura, porque el amor de Cristo es primordial y preeminente en la vida de la nueva criatura. Lo que una vez era ganancia (v:5-6), ahora es tenido por pérdida “a causa de Cristo”. Ya sea porque no le conducía a Cristo, o lo que era tenido como algo ganado, ahora es considerado como pérdida, porque no le permitía ganar a Cristo.

Conclusión: Dos cosas importantes debemos de extraer de esta lección: primero, estar vigilantes para reconocer a los falsos predicadores, y así no permitir que tengan contacto con nuestros hermanos. En segundo lugar, colocar nuestra confianza en la gracia de Dios, que puede suplir nuestras carencias y dotarnos de aquellas cualidades espirituales para llevar a cabo nuestro trabajo en la obra del Señor. La confianza en la carne sólo produce orgullo, y nos separa de la comunión con Cristo.

¡Cuán cierto es!, Pablo renunció gustosamente a todo lo que le servía de obstáculo en su relación con Cristo. Dejar esas cosas no fue lo que produjo la salvación en la vida de Pablo. Pero renunciar a ellas, le otorgó una libertad magnífica de las ataduras de las cosas materiales. El resultado fue una dependencia completa de la provisión de Dios, y una intimidad insustituible con el Señor Jesucristo.


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Pr. Jorge Andulce P. (3°Viña del Mar) - Pr. Manuel Diaz B. (Santiago Centro) 

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