Escuela Dominical

domingo 30 de agosto del 2020 Efesios 1:15-231° Pedro 1:3-4

Cristo y su señorío

Lección: Efesios 1:15-23
Texto: 1° Pedro 1:3-4

  • Cristo y su señorío

Introducción: En esta lección, veremos como el apóstol Pablo, prorrumpe en exclamaciones de acción de gracias, por la fe y el amor de los creyentes fieles de esta ciudad de Éfeso, y eleva fervorosa oración a Dios, para que les dé espíritu de sabiduría y revelación, a fin de que les ilumine en orden a  conocer profundamente el misterio de Cristo.

 

Desarrollo: Pablo inicia estos versículos diciendo “Por esta causa” (v.15a) lo que tiene que ver con los versículos 3 al 14; “habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos” (v.15b). Recordemos que Pablo estuvo en Éfeso por más de tres años, así que conocía a los hermanos más antiguos, también, recibió información que, sus lectores eran poseedores  de las bendiciones ya descritas en la lecciones anteriores, por lo cual se dedicó a orar “no ceso de dar gracias  por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” (v.16). No solo oraba por ellos, sino por todas las iglesias  (Romanos 1:8-9; Colosenses 1:3,9;  1 Tesalonicenses 5: 17; Efesios 6:18).

Las peticiones en ruego y oración de Pablo, a Dios, “El Padre de gloria” (v.17a) es que: “os dé “espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (v.17b). Deseaba el apóstol que los creyentes efesios conocieran los grandes recursos espirituales que eran de ellos en Cristo. “Revelación”, se refiere a la perspectiva y el discernimiento que el Espíritu aporta sobre los misterios de la verdad divina. Pablo deseaba que sus lectores tuvieran “un espíritu de sabiduría” para que conocieran a Dios de una manera más completa. Los creyentes han recibido sabiduría (v.8-9), pero, Pablo oraba para que la iglesia no solo entendiera, sino, que también, experimentara esas bendiciones. (Colosenses 1:9)

“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento” (v.18a). Una mente con iluminación espiritual, es el único medio que permite entender y apreciar de verdad la esperanza, y la herencia en Cristo, así como vivir para él en obediencia. “Para que sepáis cual es la esperanza a que él os  ha llamado”. (v.18b). En 4:4 habla del llamamiento común de los fieles a una sola esperanza, esto es, una única esperanza para todos los creyentes, como uno de los fundamentos de la unidad eclesial. El objeto de esta esperanza no es otro que la herencia eterna (comparar con 1 Pedro 1:3 y siguientes) a la que hemos sido llamados, y de la que la señal del Espíritu en nosotros es la arras (v.13-14). El apóstol, lo declara explícitamente a continuación. “y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (v.18c). Surge la pregunta ¿De quién son esas riquezas de la gloria de su herencia?, ¿Son de los santos para quienes Dios tiene reservada una herencia gloriosa?, o ¿Son de Dios para quien los santos son la preciosa  posesión adquirida, y que constituyen esta herencia riquísima y gloriosa? El texto permite ambas interpretaciones, pero es mejor quedarse con la última. En otras palabras, Pablo está orando que los creyentes puedan lograr comprender, qué ellos heredaran  todas las bendiciones de Dios (v.11-14; Romanos 8:32), ya que somos herederos de Dios, y coherederos con Cristo.

“Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza” (v.19). Este poder de que habla Pablo, y quiere que conozcan los lectores de esta epístola en su magnitud, es una fuerza indescriptible, incalculable e ilimitada, siempre en acción, en beneficio de los que creen en Cristo. El énfasis es para que sepan bien que el poder de Dios es infinito, seguro y efectivo, para que los creyentes de Éfeso conozcan mejor este poder grandísimo. Fue precisamente a favor de “los que creemos”,  que mostro Dios esta fuerza poderosa suya en Cristo, cuando dice: “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (v.20), como dirá después en 2:5-6, “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. Esa misma fuerza poderosa de Dios, se pone en plena actividad cada vez que es regenerado espiritualmente un pecador que se convierte, y se pondrá también en plena actividad, cuando llegue el día de la resurrección corporal de todos los que durmieron en Cristo. Dice un comentarista “Ciertamente esa (la resurrección de Cristo) fue la gran prueba de la verdad del Evangelio de cara al mundo; pero la copia de ella en nosotros será la gran prueba  para nosotros mismos”.

En los tres últimos versículos (21-23), el apóstol pone de relieve la excelsa elevación que el Señor Jesucristo obtuvo sobre toda creación y, en particular, sobre la iglesia, de la que fue constituido Cabeza:

“Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero” (v.21).  Pablo, quería que los creyentes comprendieran la grandeza de Dios en comparación a los demás seres y entidades celestiales. Los términos principados y autoridad, y poder y señorío, eran la alusión tradicional que hacían los judíos para designar a los seres angelicales de más alto rango entre las huestes de Dios quien está por encima de todos ellos  (comparar con Apocalipsis 20:10-15 ; Colosenses 1:16). “Y sometió todas las cosas (creadas) bajo sus pies” (v.22a). Esto significa, dominio universal, no solo sobre los hombres  y ángeles, sino sobre el resto de su creación animada e inanimada. El autor de Hebreos, nos recuerda que en la actualidad no vemos todas las cosas bajos sus pies (Hebreos 2:8). Y esto es cierto, aunque el dominio universal pertenece a Cristo, no lo ejerce aun. Pero, Dios ha decretado que su Hijo tendrá el cetro universal. “y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (v.22b). La cabeza de cualquier organismo, lo controla y da coordinación. Cristo, como cabeza, gobierna y coordina la iglesia. En el versículo 10, el autor ya mencionó que todas las cosas fueron reunidas bajo una cabeza, Cristo. “Todas las cosas”, se refiere a la totalidad del universo terrenal y celestial. Sobre este dominio universal, es decir, las potencias, tanto buenas (angélicas) o malas (satánicas), está Jesús como cabeza absoluta. Ahora, Pablo introduce el organismo que Cristo encabeza,  sobre y por medio del cual ejerce su dominio “la iglesia”. Iglesia (griego, Ekklesia), asamblea o concurrencia; y aquí tiene un nuevo sentido, reuniendo a todos los creyentes en él, como comunidad universal de fe congregados en un solo cuerpo bajo una sola cabeza.

“La cuál es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (v.23). Pablo, afirma que la iglesia solo existe y funciona por la relación vital con su cabeza, Cristo Jesús. En su calidad de Cristo resucitado y exaltado, no tiene necesidad ni dependencia de nadie. Sin embargo, está incompleto sin el cuerpo el cual es la iglesia, que lo complementa. Por lo tanto, el cuerpo y la cabeza son uno en el sentido más real.

 

Conclusión: Después que resucitó de la muerte a Jesús “Dios... le dio un nombre (Señor),  que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra” (Filipenses 2:9-10), por lo que está puesto sobre toda autoridad, visible e invisible, además, como Cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, con quien asimismo trabaja en esta tierra, para dar salvación a quienes aún no  lo conocen como “Señor y Salvador”. Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos hizo renacer para una esperanza viva, al ser parte de su cuerpo.

 

 

Nota : Cualquier consulta de la lección, la puede realizar a la comisión encargada Año 2020

Pr.Jorge Andulce P. (3°Viña del Mar) - Pr.Manuel Díaz B. (Santiago Centro)

Pr.Claudio Cisternas C. (5°Puente Alto)  -   Pr. Alvaro Vega N. (2°Quilpué)

 

 


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