Escuela Dominical

domingo 02 de agosto del 2020 Gálatas 6:6-102° Corintios 9:6

Lo que uno siembra cosecha

Lección: Gálatas 6:6-10
Texto: 2° Corintios 9:6

  • Lo que uno siembra cosecha

Introducción:  En el caminar nuestro hay tropiezos, como cargas que hay que llevar, y a veces se hacen pesadas. Cuando nos encontramos en esas situaciones es cuando anhelamos que alguien se ponga de nuestro lado y nos ayude a sobreponernos, fuera del Señor que siempre está ahí con nosotros. Y qué hermoso, cuando recurrimos a quien siempre nos está enseñando e instruyendo, y también orando por nuestras dificultades, y si por su boca vino bendición hacia nosotros, y hemos sido prosperados, es nuestro deber cristiano apoyarle financieramente, ya que está dedicado al servicio de Dios. Así extendemos el reino y sembramos para el espíritu. 

 

Desarrollo: Recordemos que el versículo 2 nos dice: “Sobrellevad los unos las cargas  de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”, y al comenzar esta lección, parece dar otro ejemplo de soportar una carga, es decir, la carga financiera de los maestros cristianos. “El que es enseñado en la palabra, haga participe  de toda cosa buena al que lo instruye”. Una manera de soportar las cargas de aquellos que tienen la enorme responsabilidad, de enseñar en las iglesias, es apoyarlos económicamente, para que se despreocupen y puedan dedicarse a la oración y al estudio de Las Escrituras. Evidentemente, había algún problema en Galacia. Tal vez, habían tenido un buen comienzo, y luego se cansaron de hacer el bien, de sostener a los que se dedicaban a enseñar en las iglesias. ¿Influenciados por los judaizantes?, probablemente. De todas las cargas que Pablo pudo haber mencionado, eligió hablar de la carga material de aquellos que enseñan la palabra de Dios.

Este principio lo enseño Jesús, cuando él envió a los 70 a predicar; les dijo que no llevaran su propia comida porque “el obrero es digno de su salario” (Lucas 10:7b), También, Pablo lo expone en 1 Timoteo 5:17-18. Probablemente el paralelo más cercano a Gálatas 6:6 es 1 Corintios 9: 11, donde  el apóstol dice: Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáramos lo material?.

El versículo 7 es como una respuesta al anterior. “No os engañéis (no os dejéis engañar); Dios no puede ser burlado (de Dios nadie se burla): pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segara”. El pensar que no tenemos la responsabilidad de asegurarnos de nuestros enseñadores de La Palabra, “es un engaño”. Debemos de tener cuidado de no caer en tal mentira. El pensar que por alguna razón esto no es nuestra responsabilidad o nuestra preocupación, sino que es  responsabilidad de otros en la iglesia, o de los encargados de la iglesia, también es un engaño. Al dejarnos engañar creyendo en tales doctrinas erróneas, aún después de haber sido iluminados, nos estamos burlando de Dios. La palabra “burla”, se traduce de la palabra griega “mukterizo”, que viene de “mukter” que quiere decir nariz, de modo que mukterizo da a entender “el hacer gestos o muecas con la intención de burlar y de faltar el respeto”. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segara”. Volviendo al cuidado de los siervos de Dios, aunque otros puedan no observar nuestro descuido a los ministros del Señor, él lo ve todo, y da la cosecha correspondiente.

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (v.8).  Aunque es cierto en un sentido general, que segamos todo aquello que sembramos, se debería observar que esta advertencia, sigue a una exhortación acerca del dar cristiano. Contemplado bajo esta luz, veremos que “sembrar para la carne” significa gastar el dinero propio en uno mismo, en los propios placeres y comodidades (haciendo concesiones a sus malos deseos). “Sembrar para el Espíritu”, es emplear el dinero de uno para el avance de los intereses de Dios.

Los que hacen lo primero, siegan una cosecha de frustración y perdida aquí mismo en la tierra, porque al envejecer se dan cuenta de que la carne para complacer, a la cual habían vivido, está decayendo y muriendo rápidamente. Luego, en la era venidera perderán recompensas eternas. Los que siembran para el Espíritu, del Espíritu segarán vida eterna. Hay dos formas en las que se emplea “vida eterna” en la Biblia. (1) Es la posición presente de cada creyente (Juan 3:36). (2) Es lo que el creyente recibe al fin de su vida aquí en la tierra (Romanos 6:22). Los que siembran para el Espíritu, gozan de vida eterna aquí y ahora, de una forma, en que otros cristianos no lo conocen. Luego, también, cosecharan las recompensas que acompañan a la fidelidad, cuando lleguen a su hogar celestial.

“No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (v.9). Para que nadie se desaliente, el apóstol recuerda a sus lectores que las recompensas son seguras, aunque no sean inmediatas. No se cosecha un campo de trigo al otro día de sembrarlo. Lo mismo pasa en el ámbito espiritual, la recompensa sigue de cierto a la fiel siembra, a su debido tiempo.

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (v.10). Incluye a todos a los que son salvos, sin distinción de denominaciones o divisiones. Nuestra bondad no ha de quedar limitadas a los creyentes, pero a ellos se le ha de mostrar de una manera especial. Nuestro objetivo no es negativo, cuan poco daño, sino positivo, cuanto bien podamos hacer, mayormente a los de la familia de la fe. Nuestro amor por los hermanos en la fe, es la prueba básica de nuestro amor por Dios (Juan 13:34-35; Romanos 12:10 -13; 1 Juan 4:21).

 

Conclusión: La vida está llena situaciones, de causas y efectos, de hechos y consecuencias, de siembras y cosechas. Lo que estemos viviendo hoy, puede ser producto y consecuencia de determinaciones tomadas en el ayer. En nuestra vida cristiana tenemos una lucha, entre la carne y el espíritu, los dos se oponen  entre sí. Y los resultados son diferentes, la ley de la siembra y la cosecha, si el agricultor siembra trigo al cabo de unos meses, trigo segara, no puede cosechar cebada, pues no es esa la semilla que sembró. El que siembra para la carne segará corrupción y el que siembra para el Espíritu segará vida eterna. Y en cuanto al dar para Dios y su obra, el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará. (2 Corintios 9: 6)

 

Nota : Cualquier consulta de la lección, la puede realizar a la comisión encargada Año 2020

Pr.Jorge Andulce P. (3°Viña del Mar) - Pr.Manuel Díaz B. (Santiago Centro)

Pr.Claudio Cisternas C. (5°Puente Alto)  -   Pr. Alvaro Vega N. (2°Quilpué)

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